jueves, 28 de junio de 2012

Concurso, luego pienso (3/14)


    1. Movimiento de tierras



El lunes trajo consigo la primera reunión del equipo, cuatro arquitectos de edades bastante dispares, dispuestos a transformar esta crisis en una propuesta decente e ilusionante para su ciudad. Una puerta de escape de la rutina pesimista en la que se habían convertido sus estudios. Una oportunidad para compartir cuatro meses de arquitectura y risas con sus amigos, y yo. Sí, y yo. Porque resulta que este maravilloso equipo estaba compuesto por tres arquitectos compañeros de promoción y amigos desde hace años, a los que se agrega un servidor, veinte años más joven pero con las mismas ganas de crear y disfrutar.

Sería un necio si negara que aquel día me encontraba lleno de ilusión e inquietud a partes iguales, con la previsible preocupación derivada de un equipo en el cual sólo conozco cómo trabaja uno de ellos y donde, sin lugar a dudas, soy la principal incógnita de la ecuación. No obstante, jamás he dejado que este tipo de inquietudes me frenen ante oportunidades de este calibre. Es preferible salir rechazado antes que evitar el desastre sin intentarlo.

Los primeros instantes de la reunión se centran en el acercamiento a las bases del concurso, previamente revisadas por cada uno de nosotros, y un debate acerca del posible calendario de trabajo que mejor se amolde a cada uno.

Puede que sea el único reflejo de seriedad que reina en la mesa, el resto del tiempo se centra en el recuerdo de anécdotas e historias varias que mis compañeros se animan a compartir conmigo, aderezadas con pequeñas muestras de mi corta experiencia, no sólo vital sino también profesional.

Evidentemente mi papel aquí es secundario, no me cuesta lo más mínimo mantenerme discreto ante su más que notable superioridad, vestido de humildad y respeto. Sin embargo, no renuncio a mi personalidad, tan osada a veces. Es por ello que me integro rápidamente en una dinámica en la cual me siento como pez en el agua, o quizás sean ellos los que me ayudan a sentirme así. Sea como fuere, desde el primer momento somos cuatro arquitectos en igualdad de condiciones, luchando por un bien común: disfrutar de la arquitectura. El resto, risas y buenos ratos entre el bar y el estudio de uno de los integrantes.

Finalmente decidimos imponernos una reunión semanal para ir avanzando poco a poco en el análisis global del concurso y la búsqueda de referencias internacionales. Nunca pensé lo difícil que puede llegar a resultar dimensionar tu propia ciudad, asimilar esas calles por las cuales hemos transitado infinidad de veces. No es hasta que las comparas con otras referencias también cotidianas o quizás impactantes, que no interiorizas realmente tu entorno. Si no, haced la prueba con los elementos de vuestra propia casa.

Como muestra un botón: aún me impresiona uno de los shocks más recientes que me ha tocado vivir, cuando en mitad del diseño de un bloque de viviendas aislado, con dos viviendas por planta en una pequeña parcela, decidí insertar una pista de pádel para dotar de mayor calidad a la idea y rellenar ese espacio que creía inmenso. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que la pista no sólo no entraba, sino que era igual de grande que el citado bloque. No podía creerlo. Soy bastante aficionado a este deporte, y jamás pensé que pudiera vivir en una pista, menos aún dos viviendas y su correspondiente núcleo de comunicaciones.

Ahí fue cuando volví a analizar las dimensiones de una pista de pádel, las cuales sabía de memoria aunque permanecían por descifrar en mi cerebro, 20x10 metros. Sí, cada campo no es sino un área de 10 metros de lado, lo cual supone una superficie de 100 metros cuadrados. ¿Se dan cuenta? ¿Cuántas de sus viviendas miden más de 100 metros cuadrados? No creo que hayan olvidado la polémica de las viviendas para jóvenes integradas en 30 míseros metros cuadrados. Digo míseros, ya que supone vivir en un tercio de uno de los lados de la pista de pádel. Impactante.

En fin, volviendo a nuestra historia urbana, entenderán que este fenómeno se multiplicase exponencialmente conforme más nos adentrábamos en el análisis del ámbito del concurso. Necesitábamos no sólo conocer las dimensiones del elemento en cuestión, sino ser capaces de interiorizar dichos datos hasta el punto de poder actuar sobre ellos sin perder de vista el contexto global. No caer en algo tan común como suele ser, centrarse tanto en un punto concreto, que no te permite ver el resto. De ahí que el diseño en equipo suela funcionar bien; cada uno observa desde un prisma diferente y eso permite que siempre haya alguien dispuesto a analizar un problema con perspectiva, no cegado por los detalles, sino observando la realidad desde la distancia, considerando los aspectos primordiales.

Así fue como empezamos a aproximarnos a la ciudad, dando un paso hacia delante y otros dos hacia atrás. Profundizas, obtienes datos de interés y, posteriormente, te alejas para ponerlos en su lugar. A veces cada uno dirige sus vaivenes, otras son los compañeros los que te fuerzan a recapacitar. Una ciudad es un ente tan complejo como cotidiano. Lo cual supone que su análisis puede ser todo lo extenso que uno quiera. Es fundamental no perder de vista el objetivo final, no dejarse llevar por la curiosidad que implica encontrar novedades en una ciudad que vives a diario.

¿Cuántos de vosotros se han parado a pensar cómo afecta el sentido de circulación de su calle al funcionamiento global del tráfico de su ciudad? Hasta aquel día, yo era uno más, no se preocupen.

En este sentido, el tráfico fue uno de los primeros análisis que realizamos. Hoy día, poder desplazarnos con agilidad y libertad es una de las principales preocupaciones que nos supone la urbe. Es por ello que antes de realizar cualquier intervención sobre el eje de esta capital, debíamos entender su funcionamiento, sus carencias y virtudes, sus posibles mejoras.

Todo ello, salpicado de ejemplos y actuaciones previas que alguno había encontrado el pasado fin de semana o ese mismo día, porque resulta que en un concurso se acrecienta otro de los principales rasgos de la mente humana: basta que nos interesemos por algo para que parezca que el mundo se empeña en bombardearnos con referencias a ese aspecto concreto, independientemente de lo invisible que pudiera resultar anteriormente.

Es como cuando alguien cercano se queda embarazado, desde ese instante todo el mundo se pondrá de acuerdo para aumentar la población al mismo tiempo, o, al menos, eso nos parece, ¿no es así?.

Pues bien, entre carritos y preñadas, nuestras vidas se encuentran ineludiblemente rodeadas de continuas referencias al concurso. Todo parece alinearse para que cada noticia, comentario o imagen de nuestro entorno, suponga una oportunidad de cara a la creación de nuestra gran obra. Nunca más podremos disfrutar de un ignorante paseo por la calle, un rato de ocio en el parque o momentos de meditación en la playa. No. El concurso lo invade todo. La máquina se ha activado y no podrá detenerse a nuestro antojo. Incluso durmiendo parece que hay alguna neurona rebelde dispuesta a continuar con su ardua tarea. Dicho así, podría parecer algo negativo, y de hecho a veces lo es, pero no cabe duda que al final merece la pena. Es por ello que, tras un tiempo de desconexión, todos volvemos a adentrarnos en esta peculiar práctica profesional, sea cual sea el resultado obtenido.

Volviendo al trabajo, seguimos analizando calles, autovías, carriles bici y demás ejes estructurantes. Nos esforzamos por entender los entresijos de este complejo organismo.

No obstante, lo más complicado resulta ser la parte hidrológica, o quizás hidráulica. Sólo el término con el que referirnos a ello, ya supone un auténtico dilema. Imaginaos el resto. Debemos entender los por qué de nuestro río, sus crecidas y sus ausencias, su historia. Su pasado, presente y sus posibles futuros.

Ello podríamos lograrlo a través de años de aprendizaje con una carrera apropiada para tal fin, seguido de ciertos estudios empíricos, o aprender de los buenos que ya pasaron por ahí. Evidentemente nuestro masoquismo no alcanza tales cotas y decidimos por una vez atajar a través de la segunda de las opciones. Pese a ello, que nadie piense que basta con leer complejos informes al respecto, varias veces por cierto, sino que hace falta cambiar algo el chip y completar dichas lecturas con alguna que otra investigación auxiliar.

Más allá de esta aparente complejidad, el resultado es bien sencillo, no tenemos ni idea, por más que nos empeñemos en disfrazarnos de ingenieros. Así que la coherencia retorna al grupo y nos ayuda a sumar, interpretar a los ingenieros desde una perspectiva arquitectónica y urbanística tan diversa como necesaria. Es entonces cuando empieza a dar frutos este proceso. No pretendemos entender dichos informes, sino analizar su repercusión sobre la ciudad y de esta forma seleccionar la solución más apropiada conforme a nuestras aspiraciones. Zapatero a tus zapatos.

Para ello, no nos engañemos, resulta crucial la labor de nuestro equipo de ingenieros. Sí. Un concurso de este nivel no puede ser realizado exclusivamente por cuatro arquitectos aislados. Así es como entran en escena, nuestros siguientes protagonistas en la historia, un grupo de profesionales traídos a colación por uno de nuestros compañeros, para afianzar nuestras decisiones arquitectónicas y filtrar nuestros deslices técnicos, a la vez que guiar nuestras interpretaciones de los informes hidráulicos ya comentados.

Su más que probada experiencia y talento, se imponen a la distancia a la cual se encuentran, siendo las nuevas tecnologías las auténticas culpables de su participación. Una comunicación menos fluida demanda, por el contrario, una mayor eficiencia en nuestro diálogo, contribuyendo enormemente al análisis exhaustivo de la documentación técnica que nos facilitan. Cada duda planteada es el resultado de una meditada tormenta de ideas, donde el orgullo y el respeto se reparten el mérito de tan trabajada reflexión. Esto, pese al aparente incremento de los plazos, deriva en una efectividad sin precedentes. Analizamos más cada aspecto, permitiéndonos profundizar en las preguntas formuladas, facilitando la comprensión de sus respuestas y fomentando un diálogo inteligente y casi igualitario.

De sobra conocido es el eterno debate surgido entre ingenieros y arquitectos, que muchos se empeñan en convertir en rivalidad, y que a otros nos gustaría considerar más bien, una auténtica oportunidad de cara a posibles sinergias profesionales. Y es así como se enfocan las diferencias en el seno de nuestro equipo, cuando los ingenieros rebaten nuestros planteamientos o dilapidan nuestras ideas. No sin falta de razón, por cierto. Sin embargo, este debate es afortunadamente bidireccional y nosotros también aportamos argumentos positivos que ayudan a nuestros nuevos compañeros a entender el diseño como parte del proyecto.


Continuará... (Parte 3/14)

martes, 26 de junio de 2012

Otra generación perdida


Mucho se ha hablado en estos últimos tiempos acerca de la difícil situación por la que atravesamos los jóvenes de este país. Un sin fin de referencias a los innumerables titulados que ante la ausencia de trabajo se ven forzados a embarcar en una nueva aventura más allá de la frontera. Un viaje tan desesperado como necesario. La alternativa, deambular sin rumbo aparente entre trabajos mal remunerados, cortoplacistas e incapaces de ilusionarnos.

La crítica generada al respecto, radica en la inversión fallida realizada por el país, al formar la mayor cantidad de jóvenes de su historia, para ahora ver, impotente, su huida hacia tierras más fértiles. Un desastre sin precedentes que podría derivar en una pérdida real de mano de obra y población activa, empeorada ante el riesgo de que estos aventureros no encuentren ocupación alguna y en cuestión de años se vean rechazados por la dura competencia que supondrán los jóvenes del momento, tan preparados como ellos, con la misma escasez de experiencia, pero sin los requisitos económicos asociados a alguien de mayor edad, ni las lagunas surgidas tras años de inactividad.

En definitiva, una amenaza desoladora que, si no actuamos, puede que se convierta en realidad antes de lo esperado.

Sin embargo, no es para tratar este tema por lo que me siento hoy aquí. Es evidente que son muchos los que, como yo, han tratado tal situación, y otros tantos los que han profundizado en ella. En mi caso, el motivo de este post, no es sino trasladar este problema a mi terreno. Defecto profesional, lo siento. Presentaros una amenaza similar, pero no tan importante. Una generación perdida que puede hacerse realidad entre nuestro parque inmobiliario nacional. Un riesgo, más material, pero no por ello menos preocupante.

Del mismo modo que ocurre con la población licenciada, son muchos los edificios de nueva construcción realizados en los últimos años. El famoso boom nacional ha dado lugar a gran cantidad de proyectos-inversión, donde la oferta no responde a demanda alguna, sino que se genera con la firme intención de crear una demanda nueva, hasta entonces inexistente.

Durante los años del progreso, la segunda residencia se ha visto multiplicada exponencialmente ante el aumento de ingresos y, por consiguiente, de la calidad media de vida. Todo ello, acrecentado por un sector financiero dispuesto a prestar los recursos necesarios para acometer tales inversiones.

La conclusión a este escenario, es más que conocida por todos. Grandes promociones ahogadas por los altos costes derivados de la especulación y la fe escondida tras una inminente negación de la apremiante crisis. Esqueletos de hormigón que, en mayor o menor grado de desarrollo, decoran nuestras laderas, playas, colinas y ciudades. Un nuevo paisaje semi-urbano que, lejos de ser temporal, se consolida cada día como nueva imagen de ciudad.

Desgraciadamente el país no parece ser capaz de revertir tal situación, ni hacer frente a esta herida. Pues dichos edificios incompletos o inutilizados, no son sino heridas abiertas por las cuales se escapan los pocos recursos de los que aún disponen sus promotores. Una vez desangrados, recurren a la única salida posible, cederlos a sus acreedores, los cuales se enfrentan a un exceso de mercancía sin precedentes. Por lógica, aquellas promociones mejor conservadas, o más avanzadas en su desarrollo, deberían ser colocadas poco a poco dentro de un mercado inmobiliario tan hundido como imprescindible. Es evidente que los citados jóvenes, pese a su escasez de recursos, deberán acceder a viviendas para continuar sus vidas y dar cobijo a sus familias.

Lo problemático, si no basta con lo ya expuesto, es el deterioro que sufre una vivienda o construcción deshabitada. Este abandono deriva en una falta evidente del mantenimiento y cuidados necesarios para el correcto funcionamiento de cualquier edificio. Por ello, corremos el riesgo de ver atónitos como este periodo de soledad se prolonga a lo largo de varios años, desembocando en un deterioro excesivo. Dicho de otro modo, alcanzar un grado de desperfectos tal, que sea más caro acometer su reforma, que su demolición y posterior reconstrucción. Por tanto, nos encontramos ante la posibilidad de perder un conjunto extenso de inmuebles, sin usar. Un derroche que, cuanto menos, debería resultarnos chocante en los tiempos que corren.

La solución al problema se me antoja complicada, pero, sin duda, me uno a aquellos que conscientes del problema, hacen por encontrarla, o, como poco, denunciarla.

No dejemos que nuestros jóvenes se cansen de intentar vivir con normalidad, ni permitamos el abandono gradual de recursos, a base de hipotecar los recursos futuros.



jueves, 21 de junio de 2012

Concurso, luego pienso (2/14)


0. Trabajos previos




Todos habremos escuchado hablar alguna vez de profesionales que deciden presentarse a un concurso público para la realización de un determinado edificio o una determinada actuación. Pues bien, pese a ello, pocos saben lo que esto realmente significa y lo que para dichos aspirantes supone.

Normalmente este tipo de ideas surgen a raíz de un comentario escuchado o alguna noticia leída en el periódico. En un primer momento no es más que otra muestra más de información esquiva, una de cien.

Sin embargo, esta vez hay una pequeña diferencia, apenas perceptible e incluso difícil de explicar, esta vez hemos prestado atención al mensaje. Nuestro cerebro ha decidido no desechar automáticamente la noticia, sino que la almacena en lo más recóndito de nuestra mente, para desde ahí, a modo de infección viral, ir contagiando poco a poco las neuronas vecinas hasta descifrar ese ínfimo detalle que ha perdonado su vida. Es entonces cuando empezamos involuntariamente a analizar el anuncio y enfrentar sus posibles pros frente a sus más que probables contras. Lo siguiente es buscar personalmente de qué se trata el concurso y destripar los aspectos y requisitos primordiales, en un intento desesperado de nuestro subconsciente por encontrar esa mínima cláusula que nos impide participar o que nos sugiere un posible agravio comparativo o injusticia premeditada.

Un 99% de los concursos se quedan en esta fase de análisis previo, permaneciendo para la eternidad en la papelera de reciclaje de un pobre ordenador repleto de archivos. ¿Qué ocurre con el otro 1% restante? He ahí el motivo de este relato y la causa de la experiencia que me aventuro a compartir.

En este caso, la historia en cuestión comenzó con una simple llamada de teléfono:

- Ey, ¿qué tal?

- Buenas, muy bien, la verdad. Sigo buscando trabajo y liado con el inglés, pero bien. No me quejo. ¿Y tu?

- Pues algo parecido, supongo. Pero esta mañana he decidido hacer algo para cambiar mi situación. Me acabo de inscribir en el concurso ese del que estuvimos hablando. Creo que puede ser una buena oportunidad de aportar algo a esta ciudad y poner nuestro granito de arena para que mejore.

- Me alegro, ese concurso es muy interesante, engloba casi toda la ciudad y es posiblemente el gran proyecto pendiente.

- Totalmente de acuerdo. Por eso, es el momento de dejar de quejarse y dar un paso al frente. Ofrecer alternativas a nuestra ciudad. Así que, no se como estarás de tiempo ahora, pero somos tres en el equipo y había pensado que tú podrías ser el cuarto. A los otros dos ya los conoces y te puedo asegurar que como poco vamos a pasar un buen rato.

- Suena bien. Yo por mí me apunto del tirón, aunque creo recordar que teníamos cuatro meses hasta la fecha de entrega, y si todo va bien, me gustaría salir de aquí antes de esa fecha.

- Yo estoy igual, pero cuatro meses no son tantos y desde luego no es fácil encontrar algo fuera tan pronto. Métete en el equipo y después ya veremos cómo evoluciona la cosa.

- Perfecto. ¿Por qué no? Ojalá mi mayor problema sea tener que dejarlo por un buen trabajo que me haya salido, ¿no? Jajaja.

- Así me gusta. Pásate el lunes y lo vemos, ¿vale? Buen fin de semana.

- Gracias, igualmente. Te veo el lunes.

Nunca pensé que una conversación aparentemente tan trivial fuese a condicionar tanto los próximos cuatro meses de mi vida.



Continuará... (Parte 2/14)

jueves, 14 de junio de 2012

Concurso, luego pienso (1/14)


Concurso, luego pienso


A todos los amantes de la buena arquitectura

Sin retos no es posible avanzar, sin pensar no sabremos hacia donde hacerlo




ÍNDICE

Prólogo

  1. Trabajos previos
  2. Movimiento de tierras
  3. Cimentación
  4. Estructura
  5. Albañilería
  6. Saneamiento
  7. Instalaciones
  8. Carpinterías
  9. Vidrios
  10. Cubierta
  11. Pinturas
  12. Revestimientos y acabados
  13. Liquidación de obra



Historia de un concurso urbanístico

Prólogo

¿Qué lleva a un escritor a enfrentarse al reto que supone la redacción de un libro?

Supongo no ser el único que, durante el proceso de una lectura determinada, se ha planteado esta cuestión. No cabe duda que un libro es un trabajo tedioso y un ejercicio de creatividad e imaginación sin parangón. Sin embargo, se trata de una misión donde la recompensa debe ser, ante todo, personal. El éxito entre sus posibles lectores reside en aspectos tan subjetivos como incontrolables.

Por mi parte, la respuesta es tan sencilla como ambigua:

No lo sé.

No tengo la menor idea acerca de qué les motiva a escribir. Por tanto, en mi caso, respuesta y pregunta se funden en una única intención. Para encontrar el motivo, no se me ocurre mejor solución que empatizar con ellos y experimentar su experiencia en mis propias carnes.

Confiado en la idoneidad de este razonamiento, comienzo un nuevo reto profesional y vital, donde averiguar si soy capaz de afrontarlo, desarrollarlo y, sobre todo, culminarlo. Si todo va bien, encontraré el camino hacia las respuestas. Si no, podré al menos desprenderme de esta inquietud que me persigue desde hace años.

En este sentido, se supone que el prólogo es el encargado de explicar el por qué de enfrentarse a esta aventura e incitar a los lectores a continuar e involucrarse en él. En mi caso, el prólogo, como el resto del libro, no es sino de una de las múltiples conversaciones internas en las que me he visto sumido recientemente.

Al fin y al cabo, no me creo capaz de escribir más que de aquello sobre lo que sé, mi vida, y hacia aquello sobre lo que no sé, los por qué. Como hilo conductor la arquitectura, a medio camino entre mi sabiduría y mi ignorancia, y como objetivo final, la ciudad, tan cotidiana como desconocida.

Que sea bueno o no, ya llegará el momento de juzgarlo. Mientras tanto, confío disfruten de ello y de las múltiples circunstancias que puedan llegar a rodearlo.

No me considero, ni de lejos, escritor, siquiera un gran lector. Pero de lo único que estoy seguro es de que la mejor forma de resolver mis inquietudes es afrontarlas, vivir la experiencia y aprender de ello. Sólo lograrlo ya será recompensa suficiente.

Sin embargo, confío que esta satisfacción no sea la única.

En cuanto a mí, me gusta definirme como un “ar” con complejo de “quitecto”, en tanto en cuanto, pese a que mi título académico me define como arquitecto, mi temprana edad y mi corta experiencia, no me suponen un lastre sino una virtud; la virtud de ser humilde y entender que una profesión tan especial como ésta no se aprende en cinco años de carrera.

Siquiera en los diez años que llevo ya dedicado a ello, podría forjarse un auténtico arquitecto. Con esto no quiero decir que no me vea capaz aún de ejercer mi profesión. Todo lo contrario. De lo que no me veo capaz es de conformarme con lo ya conseguido. Más bien, me gusta enfocarlo como una oportunidad continua de seguir aprendiendo.

De este modo, enfoco el presente texto, como la redacción de una vivencia concreta y muy personal. El desarrollo de un concurso de arquitectura, concretamente urbanístico, del cual me siento tan orgulloso como frustrado. Una buena muestra de lo que significan estas licitaciones para los profesionales que deciden invertir su tiempo con la esperanza de lograr un buen resultado, o, como poco, seguir formándose y mejorar.

Para muchos, este formato de trabajo será desconocido y para otros, una realidad muy cercana; no obstante, para la inmensa mayoría de la población, creo que es una conversación típica pero lejana.

Así que aprovecho para mostrar las sensaciones que me evocó esta aventura profesional e invitaros a compartirlas conmigo.

Para poder entender su estructura, cabe destacar que este libro se organiza conforme a diferentes capítulos que estructuran cronológicamente la historia, aprovechando un símil muy arquitectónico: la distribución de una obra en partidas.

Otro aspecto fundamental de esta obra, es la intencionada ambigüedad con que se afronta la historia. Una consciente y deseada perspectiva genérica, en busca de la implicación del lector, pudiendo construir su propia ciudad, poner nombres a los protagonistas y comparar esta experiencia con sus propias vivencias tanto personales como urbanas. Una invitación formal a estudiar el contexto inmediato que nos rodea y condiciona nuestro día a día.

lunes, 11 de junio de 2012

De tapitas con... Antonio Palma


Otro lunes más, me enfrento al honor de entrevistar a un grande, un compañero y amigo al cual no me hace falta homenajear más de lo que lo hacen sus propios actos, sus propias obras. Os hablo de un arquitecto con una dilatada experiencia, que tras años de ejercer su pasión a través de numerosas muestras de diseño, es capaz de abandonarlo todo por continuar disfrutando de su profesión. Alguien para el cual las fronteras no son sino invitaciones a seguir aprendiendo. Un alumno con experiencia de profesor, un profesor con alma de alumno.

A título personal, no puedo sino reconocerle mi admiración por su interminable vitalidad, sus contagiosas ganas de disfrutar, su insaciable sed de experiencias, la ilusión con la cual se enfrenta a cada nuevo reto que se le presenta, ya sea buscado o encontrado.

Si alguien me preguntase su edad, probablemente les diría que es tan adulto como niño, lo más cercano a alguien atemporal, capaz de vivir cada instante como si fuese el último, el primero, pero sin olvidar todos los instantes anteriores ni los que sabe que aún están por llegar.

Aún recuerdo el día en que le conocí, aparentemente un día más de trabajo en la oficina. Aquel día, mi jefe se dirigió a mí para presentarme al que sería mi nuevo compañero-jefe durante la redacción del próximo concurso al que nos pretendíamos enfrentar. Sin duda, no podía ni imaginar al artista que realmente me estaban presentando. Artista en el más amplio sentido de la palabra. Los días que siguieron a aquel, se sucedieron con sorprendente naturalidad. Desde el primer momento me expresó sin palabras su respeto por los demás, su ilusión por el proyecto, por enseñar sin dejar de aprender. Su vehemencia argumental frente a su tranquila disposición a escuchar. Un sin fin de colores que no sólo se reflejaban en el uso de sus inseparables rotuladores, sino en cada esbozo verbal de la idea. En definitiva, una experiencia tan agradable como instructiva.

A partir de ahí, poco tiempo ha dado lugar a mucho. Más concursos en común, noches de interacción social, jornadas deportivas indescriptibles y un objetivo común, aprender idiomas.

Para terminar de definir a este peculiar interlocutor, decir que continúa inmerso en su gran objetivo, aprender idiomas, para lograr superar los obstáculos externos que le impiden desarrollar su gran afición, la arquitectura. Desde aquí desearle lo mejor en esta nueva aventura y presentaros a un genio con aires de loco, un señor de bastas maneras, un artista con vocación de amigo.

Bueno, empecemos fuerte: ¿Qué es para ti la arquitectura?
Arquitectura es espacio. Es la creación de un espacio limitado, protegido, confortable, favorecedor de la actividad humana, pero…… la buena arquitectura,….. además, es la creación de un espacio que es capaz de acariciar, a través de los sentidos, el alma humana. De llegar hasta ella.

Profundo. ¿Cuándo decidiste ser arquitecto?
De joven, en el Bachiller. No había nadie en este sector ni en la familia ni conocidos, pero…
Todo parte de una facilidad para el dibujo, de una buena percepción espacial, de un creer de cómo serían las cosas, quizás desde una conciencia muy tópica, casi de la calle. Fue ya durante la carrera donde tomas conciencia de lo que es esto de verdad. Algo vocacional. Algo que debes llevar en las venas si quieres hacer de tu profesión tu trabajo y tu hobby, en definitiva, tu vida.

¡Cuánta razón tienes! pero, ¿con qué frecuencia te arrepientes?
Es una profesión que te atrapa y como tal a veces te arrepientes de vivir tan poco el resto de las cosas, pero siempre es una falsa percepción de tu realidad. Cuando pasas una semana parado, ya andas dándole vueltas a la cabeza con nuevas y locas ideas. El arquitecto es una persona en definitiva con una alta sensibilidad y una alta capacidad de observación, además debe estar dotado de un espíritu contestatario, inquieto, transformador, de un creer que las cosas siempre pueden hacerse mejor. ¿Cómo puedes arrepentirte de sentirte parte de todo lo que te rodea? ¿De saber que tienes capacidad y conocimiento para transformarlo?

Suena bien, sin duda. ¿Cuál consideras que es el proyecto más relevante que has hecho hasta ahora?
Por su peso específico, la Biblioteca Municipal de Alhaurín el Grande, pero quizás, por su carácter plástico, una vivienda unifamiliar en Cerrado de Calderón, Málaga.

La verdad es que ambas son muy interesantes, difícil elegir una. ¿Cómo describirías la experiencia de llevarlos a cabo?
Apasionante. Duro. De locura. Estresante. Enriquecedor…. Los adjetivos positivos y negativos podrían alternarse durante un buen rato. Pero si tuviera que resumirlo en pocas palabras, diría……”podría haberse hecho mucho mejor, pero estoy orgulloso de lo que se hizo”.
¿No es lo que dice un padre de sus hijos?

Jajaja. ¿Cuál es el proyecto más ambicioso o loco en el que te has embarcado?
Difícil respuesta. Tantos… Sin un punto de ambición y locura nada sale. Sin embargo, ahora recuerdo que me dio por hacer una fosa séptica realizada por los mismos albañiles. Existían prefabricadas, pero de difícil acceso y alto coste. Estudié el problema, qué es lo que había en el mercado y diseñé mi propio modelo. La ejecutamos. Lo curioso es que cada cierto tiempo pedía a los albañiles que me las abrieran. Como comprenderás no era muy agradable, pero poco a poco fui mejorándola, en cada casa le añadía un algo que había notado que podía solucionar tal o cual problema. Ya hace tiempo que no las abro, pero aún no me han llamado. Supongo que funcionan, pues de no hacerlo, sería muy evidente….. ¿No?

Jajaja, muy Antonio Palma, sí señor. ¿Tu anécdota más curiosa?
Soy de los que pinto en las paredes de mis obras mis croquis, mis detalles constructivos. Curiosamente un día descubrí que había siempre detrás de mí un albañil armado con una cámara fotográfica. Parece que la constructora quería asegurarse de que no se perdieran, o quizás, usarlos en caso de necesidad…

¿Cuál sería tu cliente ideal?
Cada proyecto es diferente. Siempre empiezas de cero. Con el papel en blanco. En unos eres capaz de transmitir tus ideas, de contagiar a tu cliente, de hacerlo parte de tu equipo….en otros esa conexión no se produce, el cliente viene con demasiadas ideas preconcebidas, no buscan a un arquitecto, buscan a un técnico. Ambos son papeles dignos, pero el resultado suele ser muy diferente. La creatividad es la ilusión por hacer algo nuevo, que además de dar soluciones a un problema, sea capaz de ser resuelto con sencillez, brillantez y por supuesto belleza. El cliente perfecto no existe, pero se parece a aquel que te deja trabajar, que sólo expone sus objetivos, problemas y busca tus soluciones. Podrán ser asumidas o no por él, pero es como si fuéramos al médico porque nos duele el corazón y a la vez le dijéramos que tiene que operarnos por la nariz. La profesionalidad y buen hacer deberían ser las verdaderas razones por las que debería buscarse a un arquitecto y no a otro. Razones exclusivamente económicas sólo provocan un deterioro constante y decadente de la profesión. (Como decía cierto colaborador del pasado, “si pagas con cacahuetes…solo tendrás monos”)

Jajaja, esa me ha gustado. ¿Has podido trabajar ya con él o es sólo una utopía?
El cliente perfecto no existe, pero sí he trabajado con algunos clientes que te buscan por tu trabajo y buen hacer. (…aunque siempre intentan lo de los cacahuetes….)
Quizás, más que clientes ideales, nosotros luchamos día a día para que se parezcan un poco a ese ideal. Y te aseguro que no es tarea fácil.

¿Qué le dirías a un estudiante de primero?
Que se asegurara de su vocación, que la iba a necesitar. Que es una profesión muy sacrificada y con muchas responsabilidades, pero que, a su vez, es muy gratificante. Que el verdadero pago por tu trabajo casi nunca es económico (más en estos tiempos). Y que lo que lo llevo allí, que nunca lo olvide. Sin ilusión es imposible seguir.

Si tuvieses que escoger un proyecto ajeno, ¿cuál sería y por qué?
Elegiría entre los cientos que me gustan… un edificio que causó mi admiración siendo aún estudiante y que aún hoy sigue ocupando ese primer puesto.
El pabellón alemán de la Exposición Universal de 1929 en Barcelona de Mies van der Rohe.
Para mí es la máxima expresión de la sencillez y de la grandeza de los espacios. El interior y el exterior se confunden, se integran, se fusionan. La luz es arquitectura, la materia espacio. Es un edificio honesto, preclaro, donde lo menos sigue siendo más.

Y puestos a elegir un arquitecto, ¿quién?
Tadao Ando.
Por su maestría de la luz. Su poesía de la arquitectura. El agua. La materia. Por su autenticidad y sencillez. Su integración de la naturaleza, cómo el exterior entra en los edificios. Su obra en definitiva, es pensamiento plasmado, espiritualidad.

De no haberte decidido por esta profesión, ¿cuál hubieses elegido?
Ufffff……Con la que está cayendo en nuestra profesión decir que siempre me hubiera gustado ser arquitecto roza el masoquismo. Pero es así.
Quizás, puesto a buscar alternativas, otra profesión que necesita vocación, entrega y que tiene mucho de lo que tiene esta. Médico. (Al menos, creo, no me dirían por donde tengo que operar…o sí?...jajajaja)

Jajaja, no sé yo. Seamos sinceros, ¿cuál es tu mayor miedo?
Que esta crisis acabe destruyendo mi carrera profesional. Es como pasarte una vida diseñando, construyendo, mejorando un “Ferrari”…y cuando llega el momento de sacarlo a la carretera….No hay gasolina.

¿Cuál crees que es tu mayor virtud como arquitecto?
No haber perdido la ilusión del primer día. Seguir pensando que las cosas se pueden hacer bien. Mejores.

Bien, ahora que ya te conocemos, la pregunta estrella: ¿cuál es tu consejo para salir de la crisis?
El problema de esta Crisis, a mi entender,…..es la falta de rumbo, de Norte, de no saber hacia dónde dirigirnos. Son demasiados los factores que están afectando a la economía y muchas las presiones. Un increíble paro (se supone que la revolución, con estos números ya debería haberse producido), la desaparición de la pequeña empresa (verdadero sustento de la economía española), una administración sobredimensionada (el doble de la alemana, que no produce y que se auto-justifica ralentizando la “máquina”), la presión de Alemania sobre el resto de las economías (sus satélites serán los primeros en ser sacrificados antes de verse afectada su economía), un excesivo endeudamiento público (impidiendo incentivar y ayudar a los sectores productivos), la huida a otros países del capital privado…bueno…la lista ya sabemos que es bien larga.
Además, pienso que hay otra cosa más grave que estamos arriesgando, la perdida de ILUSIÓN.
Serán varias las generaciones afectadas, …los que ya llegaron, acabaran retirándose del mercado laboral antes de lo previsto (con las consiguientes pérdidas de experiencias); los que no llegaron pero casi lo consiguieron, verán frustrados sus anhelos, pensando que no aprovecharon su oportunidad, perdidos ante la tesitura de empezar de nuevo (con familia, hipotecas, deudas) o abandonar … (a mi entender, los más afectados); los que estaban empezando, si no se embarcaron en demasiados compromisos económicos, sabrán reaccionar, aunque son los que romperán el mercado, bajarán precios, inventarán nuevas formulas, son los que no tienen los lastres del pasado y ningún compromiso con el futuro, …
Los que no empezaron, o están a punto de hacerlo… ante esta terrible situación, simplemente se marcharán a otros lugares, pues nada los ata y sus capacidades aún están intactas. La pregunta clave es si el país se puede permitir el lujo de formar a tantas generaciones para después perderlas…?
Consejos para salir… no los tengo… sé que tendremos que reinventarnos, pero no sé en qué.

¿Cómo entraste en ella?
Cómo todos… viéndolas venir pero sin imaginar el alcance. Dudo que aún sepamos cual será este y sus consecuencias.
A finales de 2006 y comienzo de 2007, el sector privado empezó a desaparecer. Las grandes empresas empezaron a caer. Los proyectos importantes (parecía que por fin empezaban a llegar), comenzaron a anularse uno tras otro. Me pasé al sector público, y bueno muy interesante la experiencia, difícil, otra forma de trabajar, … pero más de lo mismo y a mediados de 2010, muchos de los trabajos quedaron “colgados” y sin cobrar. Desde hace un año no sale nada. Dicen que el paro afecta al 90% de la profesión y me lo creo.
Ahora… por un tiempo en Irlanda aprendiendo inglés, gastando el último cartucho y sabiendo que es necesario empezar de nuevo, con casi certeza absoluta, en otro lugar.

Esto es duro. ¿Cómo piensas que saldrás?
Como ya te dije… no lo sé. Sigo amando mi trabajo y sigo resistiéndome a perder la ilusión del primer día. Constantemente busco en mí aquellas cosas que me llevaron a enamorarme de mi profesión

¿Cómo puede afectar a esta profesión, y a ti como persona?
Creo que esta crisis dejará huella en todos los sectores, pero, el nuestro ya nunca será el mismo. Será otro,... diferente. Pienso que el arquitecto es una figura fundamental en nuestra sociedad. En un mundo donde la demografía sigue aumentando a un ritmo galopante, será necesario buscar nuevos modelos de crecimiento si no queremos acabar con el planeta y en eso, pienso, el arquitecto es uno de los protagonistas para buscar nuevas ideas. Es necesario que la figura del urbanista-planificador-constructor, surja de sus cenizas y se reinvente. Al igual que el concepto de familia está cambiando, los nuevos espacios habitables deben re-concebirse. Palabras actualmente tan machacadas como sostenibilidad, conservación, economía, energías limpias y renovables… se convertirán en las verdaderas reglas del futuro “ juego”.

Ya sabemos que es para ti la arquitectura, pero, ¿qué esperas que sea después de la crisis?
El momento de contracción que estamos viviendo, creo, será más duradero de lo que pensamos todos. Venimos de un momento expansivo, donde la arquitectura fue la diva de la fiesta, y por eso mismo, necesita bajar a los infiernos para recuperar su equilibrio y sitio. La arquitectura espectáculo deberá dejar paso a una arquitectura más coherente, más acorde a la realidad, al futuro que nos espera. Los proyectos emblemáticos, simbólicos, deberán dejar paso a otros más modestos pero más integrados. El problema de esta situación es que tanto arquitectos, promotores, políticos, etc. deben dejar ese afán de lucimiento, de poner los grandes focos del escenario mundial en sus productos para pasar a una situación más modesta y humilde… el problema es... ¿cómo hacerlo?... Supongo que deberemos tocar fondo para empezar de nuevo.

¿Qué queda del joven que se adentró en esta carrera?
Siempre lucho por ser joven, por ver el mundo con ojos nuevos, casi infantiles. Pero reconozco que en el fondo es un acto de autodisciplina… por cierto… muy gratificante cuando lo consigues.

Desde luego que sí. Una vez más, ha sido una auténtica experiencia poder disfrutar de esta interesante conversación contigo. Muchas gracias por tu tiempo y tu interés.
Un abrazo.

Y hasta aquí nuestro #LunesdeTapitas de hoy.

Un saludo.


De tapitas con...

Antonio Palma
Arquitecto

lunes, 28 de mayo de 2012

De tapitas con... Ángel Illescas


No es casual, ni mucho menos, empezar esta sección dedicada tanto a entrevistar compañeros como a homenajear amigos, con uno de los principales culpables de que a día de hoy, pueda llamarme arquitecto. Sí, porque nuestro protagonista aquí, no es sino mi compañero de batallas durante gran parte de la aventura universitaria, ese gaditano divertido y culto que supo aguantarme, si no sufrirme, durante todo el proceso académico.

Cuando pienso en la carrera, es imposible no recordar nuestras infinitas anécdotas en común, tantas noches de insomnio forzoso aderezadas con alguna que otra no tan obligada. Noches de creatividad sin límites, donde más allá de aspectos puramente arquitectónicos, nos fundíamos en interminables discusiones acerca del sentido de la vida y el lugar que se supone que debíamos ocupar en ella. Conversaciones tan interesantes como inapropiadas, teniendo en cuenta que siempre surgían en la noche previa a una entrega, que por más que nos esforzásemos en disimular, nos había vuelto a ganar la partida.

Polivalente hasta el punto de ser capaz de hacerte llorar de la risa o abrumarte con su retórica kafkiana. Ese iluminado capaz de sorprenderte con cada nuevo diseño. Un erudito aficionado al fútbol, un arquitecto con espíritu de humorista, un guitarrista apasionado con evidentes dotes de escritor; sin duda, una gran persona, brillante profesional y mejor amigo.

Son muchos los motivos que me llevan a profesarle el gran respeto y admiración que intento transmitir con estas humildes palabras. Pero por encima de todas, estarán siempre esos difíciles años en los cuales la edad nos pedía disfrutar el momento de un modo muy diferente al que lo tuvimos que hacer nosotros. En los más de cuatro años que compartimos irremediablemente juntos, ya fuese para preparar una entrega individual, de grupo, un examen o su correspondiente práctica, puedo decir orgulloso que jamás perdimos los papeles, jamás olvidamos al amigo que teníamos enfrente, por más que las situaciones nos invitaran a ello. Independientemente de las tensiones que pudieran surgir, nunca abandonamos esa sonrisa que acompañó nuestras andanzas, ese sentido del humor tan peculiar como efectivo, ese optimismo tan pragmático como crítico. Al fin y al cabo, nos empeñamos en llegar a ser lo que ahora somos, por más difícil que pudiera parecer, sin olvidar quienes éramos y lo que nos gustaba hacer.

Esta es la razón de que años después sigamos viéndonos, pese a los miles de kilómetros que separan nuestras respectivas vidas, y parezca que fue ayer cuando nos sentamos a estudiar aquel primer examen de Matemáticas II. Si alguien me pregunta por aquella etapa, sin dilación contestaré, que mereció sobradamente la pena.

No puedo sino agradecerle su apoyo durante estos años y permitiros el honor de compartir conmigo el placer de conocerle. Conocer a alguien que, permítanme esta licencia, está llamado a ser un auténtico referente; de hecho, su licenciatura, máster y futura tesis doctoral ya le avalan.

Bueno Ángel, ha llegado el momento, empecemos fuerte: ¿Que es para ti la arquitectura?
La arquitectura es el magnífico juego de los volúmenes bajo la luz… No, en serio, es muy difícil responder a esa pregunta.

Dicho esto, ¿cuándo decidiste ser arquitecto?
Sobre los 16 años, no recuerdo el día que se me ocurrió… A los 7 quería ser científico y a los 14 ingeniero de caminos. Me decidí finalmente por la arquitectura, me atraía ese lado creativo.

Me alegro de tal decisión. Y ahora en serio, ¿con qué frecuencia te arrepientes?
No me he arrepentido ni un solo segundo, en serio.

Me lo creo. ¿Cuál consideras que es el proyecto más relevante que has hecho hasta ahora?
Relevante ninguno. Para mi fueron importantes todos, aprendí mucho con cada uno.

¿Cómo describirías la experiencia de llevarlos a cabo?
Intensa, pasional. También extenuante, agotadora. Tú lo sabes bien.

Sí, algo me suena. ¿Cuál es el proyecto más ambicioso o loco en el que te has embarcado?
Locos casi todos. Ambiciosos también, pero en términos arquitectónicos, no económicos.

¿En qué momento fuiste consciente de estar inmerso en ellos?
La noche antes de la entrega.

Jajaja. ¿Tu anécdota más curiosa?
Hay cientos. Las noches en vela dan mucho de sí… Muchas las he pasado contigo. ¿Te acuerdas del campeonato de “goleítas” a las tantas de la madrugada? ¿En cuánto se quedó el récord?

La verdad es que no me acuerdo, de hecho, es una de esas cosas que me esfuerzo por olvidar. Jaja. No, fue bastante divertido. Permíteme aclararle a la gente que “goleítas” no es sino mantener la pelota en el aire a base de toques con el pie. Volviendo a la entrevista, ¿Cual sería tu cliente ideal?
El que respeta tu trabajo.

¿Has podido trabajar ya con él o es sólo una utopía?
Sí, los hay. Aunque también abunda lo contrario.

¿Qué le dirías a un estudiante de primero?
Que se lo pase lo mejor que pueda.

¿Qué te hubiese gustado escuchar a ti?
Lo mismo.

¿Qué fue lo que realmente escuchaste?
No recibí muchos consejos, la verdad. No tuve ningún “hermano mayor” arquitecto.

Si tuvieses que escoger un proyecto ajeno, ¿cuál sería y por qué?
Hoy te diría el Centro Gallego de Arte Contemporáneo de Siza. Es un edificio que estudio para mi tesis. Cuando lo visité tuve la sensación de estar en un lugar mágico… muy pocas veces he experimentado eso.

Y puestos a elegir un arquitecto, ¿quién?
Creo que lo he dejado claro… Admiro mucho a Siza.

Ya me hacía una idea, sí. Pero, de no haberte decidido por esta profesión, ¿cuál hubieses elegido?
Delantero centro del Cádiz. Empiezo a notar en el entrevistador cierto arrepentimiento o desencanto con la profesión… jajaja.

Para nada, jaja. Seamos sinceros, ¿cuál es tu mayor miedo?
Te refieres a lo profesional, ¿no? No tengo ningún miedo, tengo mucho que ganar y poco que perder.

Buena actitud. ¿Cuál crees que es tu mayor virtud como arquitecto?
Que me gusta mucho mi trabajo.

¿Cómo te definirías, pues, como arquitecto?
Comprometido.

¿Algo más que añadir?
Otra tapa de ensaladilla, por favor.

Bien, ahora que ya te conocemos, la pregunta estrella: ¿cuál es tu consejo para salir de la crisis?
Trabajar más duro.

¿Cómo entraste en ella?
De cabeza, nada más terminar la carrera.

¿Cómo piensas que saldrás?
Puede que la crisis haya venido para quedarse y haya que acostumbrarse. Pero la crisis tiene aspectos positivos. Hay más tiempo para reflexionar e investigar, y dicho sea de paso, para hacer las cosas mejor. Personalmente no creo que sea el fin del mundo…

Ya sabemos que es para ti la arquitectura, pero, ¿qué esperas que sea después de la crisis?
La profesión de arquitecto sigue siendo prácticamente la misma desde hace casi 50 siglos, es una profesión muy vieja. El primer arquitecto conocido se llamaba Imhotep, y vivió en torno el 2690 - 2610 a. C. en Egipto. No creo que haya cambiado mucho la profesión desde entonces. Después de la crisis, seguramente habrá muchos arquitectos haciendo otras cosas, pero lamentablemente no arquitectura.

Interesante respuesta. ¿Qué queda del joven que se adentró en esta carrera?
Encuentro la pregunta tendenciosa… ¿Tan viejo me ves ahora? Jajaja.

Ha sido un placer contestar estas preguntas, dime cuanto te debo por la terapia. Te felicito por la iniciativa. Hasta la próxima!
Sin lugar a dudas, el placer ha sido mío. Gracias a ti por prestarte a este interrogatorio improvisado. Mucha suerte con tus proyectos y para lo que necesites ya sabes donde encontrarme.
Un abrazo.


Y hasta aquí nuestro #LunesdeTapitas de hoy.

Un saludo.


De tapitas con...

Ángel Illescas
Arquitecto y Máster en Teoría y Práctica del Proyecto de Arquitectura


lunes, 21 de mayo de 2012

Málaga vs Barcelona


Recientemente he podido disfrutar de una visita tan interesante como instructiva a la capital catalana, actual referente del litoral mediterráneo nacional. La admiración suscitada ha derivado en una mirada crítica hacia el caso de Málaga, como ciudad mediterránea de similares características, fundamentalmente geográficas, que sin embargo alberga a sólo un tercio de la población condal.

Lejos de cualquier apreciación o lectura política, me gustaría valorar una estructura urbana ejemplar. Una muestra evidente del buen hacer de una ciudad. Un hito nacional que refleja una creencia incuestionable en la importancia del diseño.

Porque más allá de las circunstancias concretas que rodean a cada una de las metrópolis mediterráneas, la principal diferencia, en mi opinión, radica en la importancia que cada sociedad dedica al valor de la arquitectura. Dicho de otro modo, en Barcelona el ciudadano medio asume la arquitectura como una muestra necesaria de diseño, en el más amplio sentido de esta palabra; en cambio, en Málaga parece que el término arquitectura se encuentra asociado más al concepto de construcción, especulación y riqueza.

Fue sorprendente descubrir como un barcelonés, no vinculado al sector, se interesó por mi profesión desde el respeto y admiración que entiendo que cualquier profesional se merece. Me impactó cómo se refirió a su vida cotidiana en términos de diseño, declarando como evidente que sus amigos llamaran a un arquitecto para reformar su cocina. Esta aparente trivialidad, supuso para mí una increíble alegría, ya que me justificó tal decisión apoyándose en la necesidad de recurrir a un técnico capaz de pensar y optimizar el espacio, velando en todo momento por su correcta ejecución. Para todos aquellos que, como yo, os hayáis decidido a ejercer esta bella profesión en la capital de la Costa del Sol, entenderéis la inmensa diferencia existente.

Los malagueños recurrimos en todo momento al amigo de un amigo, capaz de hacerte “lo mismo” por menos. Ese “manitas” que es capaz de montarte una cocina entera sin despeinarse, independientemente del diseño que pueda llevar asociada.

Que nadie malinterprete mis palabras. Admiro la capacidad que tienen algunos para abordar los retos constructivos más complejos. Es más, envidio a aquellos bendecidos por el don de la destreza y la habilidad necesarias para realizar tal hazaña. Sin embargo, no entiendo, ni entenderé, como alguien puede renunciar a la idoneidad de los espacios que conforman su vivienda, por ahorrarse algo de dinero. A veces creo que no somos conscientes de la cantidad de horas que pasamos en casa. Sin duda, entendemos la cuantía económica asociada a este derecho fundamental, pero no lo valoramos lo suficiente.

Por ello, me gustaría poner de manifiesto que son actividades complementarias, para nada incompatibles. Podemos contar con los servicios de ambos profesionales sin por ello renunciar a ningún privilegio.

De hecho, el por qué de este alegato se refleja en cada calle de la ciudad condal. Un respeto por los edificios histórico-turísticos que la conforman y caracterizan, que, por el contrario, no se malinterpreta hacia un estatismo excesivo e insensato. Más allá de los gustos, no cabe duda que Barcelona es una ciudad en constante evolución, asumiendo los aciertos y errores cometidos en el proceso creativo de la ciudad.

Ya desde el planeamiento de Cerdá se apostaba por una estructura coherente y de largo recorrido. Un llamamiento a la arquitectura contemporánea para que ocupe el rol que hasta ahora han sabido evidenciar sus predecesores. Al igual que en cualquier otro sector de la vida, el aprendizaje continuo se basa en la selección de referentes y la improvisación de nuevos modelos, conforme a las necesidades concretas de la nueva ciudadanía.

Cuando uno deambula a través de su retícula, se percata de que cada pequeño rincón presenta una muestra inconfundible de diseño, un intento valiente y descarado por destacar y mejorar su entorno. Si os animáis a visitar la ciudad, probablemente no os dediquéis a tal análisis de sus entresijos, pero sin duda, aquellos interesados en la ciudad y su arquitectura, regresaréis tan sorprendidos como yo. Cansados de tanto caminar y mirar en infinitas direcciones. Agotados por el esfuerzo que supone absorber toda la información posible, exprimir la visita para aprender todo lo posible.

Como malagueño orgulloso e inconformista, confío en las posibilidades de esta espectacular urbe, mi casa, capaz no sólo de igualar el poderío catalán, sino incluso superarlo. De hecho, soy más bien partidario de la posibilidad de ofrecer una alternativa propia e irrepetible. No pretendo crear una versión sureña de Barcelona, ni entrar en competencia con ella, sino aprender de sus errores y aciertos para crear la Málaga que a todos nos gustaría tener.