Mostrando entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crisis. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de mayo de 2013

De tapitas con... Jordi Vinyals


Un lunes más me encuentro ante uno de los principales referentes arquitectónicos que han condicionado mi carrera. No se trata de un afamado arquitecto, al menos todavía, pero sin duda aspira a convertirse en ello. Apunten bien este nombre: Jordi Vinyals.

La incredulidad podría apoderarse de algunos y desconfiar de tal afirmación, sin embargo, un simple vistazo a su curriculum, acallaría todo intento o amago de duda.

Veintisiete años, cinco idiomas fluidos, más de tres años de experiencia en los mejores estudios europeos del momento (incluidos Miralles, Nouvel y Kuma) y una carrera académica llena de logros, sólo podría verse ensombrecida por su gran trayectoria personal. La cara oculta de toda luna académica, tan importante como obviada en la mayoría de curriculum contemporáneos.

Un amante de la lectura, así como cualquier representación del arte, que no alardea de una cultura admirable y una madurez sorprendente. Humilde erudito, sorprende su aspecto más melómano.

Nuestra amistad surge como toda buena amistad debe surgir, sin querer. Casi de casualidad, nuestras trayectorias se encuentran en un lugar remoto, Berlín, atraídos por un interés común, la arquitectura de esta bella capital europea. Todo ello acompañado del consiguiente interés por el idioma alemán. Para ser completamente sincero, tampoco negaré que su ajetreada vida nocturna y su interminable oferta cultural influyeran en la elección de este destino Erasmus, al menos por mi parte.

Conviviendo en la misma residencia, a pocos meses de su demolición, amigos comunes nos recuerdan que compartimos la misma Escuela de Arquitectura (TUBerlin), lo cual deriva en lo que considero el inicio de todo esto:

Vagamente conocido, mi improvisado compañero de Proyectos, se dirige a mí a escasos segundos de comenzar la exposición con la cual introducirnos a nuestra profesora y futuros compañeros:
    - ¿Prefieres que nos presentemos en Inglés o en Alemán?
    - Ante tremenda tesitura, logro acallar la inmensa carcajada interna que invade mi interior. Sereno, respondo con un conciso: - Lo que prefieras. Empieza, que yo te sigo.

Lo que entendí como un acto de excelente superioridad, resultó ser una muestra más de su grandeza y de mi atrevida valentía. No me mentía un ápice al permitirse elegir entre ambas alternativas, de la misma forma en que mi sinceridad quedó presente al transmitir mi lamentable soltura en ambos idiomas por igual, así como mi garantizada capacidad para secundarle.

Así fue. Afortunadamente decidió iniciar con el inglés, la que sería la primera de muchas de las intervenciones más divertidas que, estoy seguro, ha vivido tan interesante universidad. Capaces de suplir nuestras carencias idiomáticas, especialmente en mi caso, con el desparpajo y simpatía propios de estas latitudes, logramos en pocos días evitar la indiferencia de nuestros asombrados espectadores.

Lo más importante, sin duda, ver que tras toda esa alocada fachada de sonrisas y diversión, se escondía una maravillosa pasión por nuestro trabajo.

A día de hoy, en plena visita por tierras andaluzas, este divertido catalán afincado en París demuestra una vez más su envidiable capacidad para disfrutar de la vida y hacer más fácil la de aquellos que le rodean.

Sin más, les dejo con el desarrollo de nuestra conversación.

Bueno, empecemos fuerte: ¿Que es para ti la arquitectura?
¡Demasiado fuerte! Creo que soy muy joven para dar definiciones, así que prefiero citar algo que leí ayer en un libro de Pallasmaa: “el proyecto moderno ha albergado el intelecto y el ojo, pero ha dejado sin hogar al cuerpo y al resto de los sentidos, así como a nuestros recuerdos, nuestros sueños y nuestra imaginación”. La apunté en mi cuaderno, creo que es una definición muy vigente si pensamos en las crecientes experiencias de distanciamiento y soledad en el mundo tecnológico actual.

Sí que empezamos fuerte, sí. Dicho esto, ¿cuándo decidiste ser arquitecto?
Pues tengo hermano y padre arquitectos, con eso ya te lo he dicho todo! Lo viví en casa desde pequeño, viajábamos mucho y con mi padre perseguíamos las piedras. Cuando empecé la universidad tuve la sensación de que era lo que siempre había querido estudiar.

Y ahora en serio, ¿con qué frecuencia te arrepientes?
Jajajaja. Si hubiera sabido la que venía mejor hubiera estudiado para inspector de hacienda que allí sobra trabajo, jaja. No, en serio, creo que arrepentimiento no es la palabra. Considero que los estudios de arquitectura son muy completos y de ellos aprendí a disfrutar de muchas cosas de dentro y fuera de la arquitectura. Hay pocas carreras que te den eso. Sin embargo, es cierto que después de unos estudios muy exigentes, el futuro profesional es menos esperanzador que nunca. Tengo amigos cercanos, ingenieros o abogados, que al menos pueden, con más o menos suerte, dedicarse a lo que han estudiado. En nuestro país, la mayoría de arquitectos de nuestra generación no pueden dedicarse a ser arquitectos y si lo hacen, aceptan unas condiciones laborales frecuentemente inaceptables.

Estoy de acuerdo, la verdad. ¿Cual consideras que es el proyecto más relevante que has hecho hasta ahora y cómo describirías la experiencia?
Sabes, al final cada proyecto en el que trabajas es relevante. De alguna manera entre el diseño de un mueble y un plan urbanístico, el ejercicio mental es el mismo, lo único que cambia es la escala. En Barcelona tuve la ocasión de llevar el diseño de una silla en mimbre, parece sencillo, pero el ejercicio de dominar un material es interesantísimo. Más tarde ya en Francia, pasé a trabajar en proyectos de gran escala y de urbanismo aprendiendo a coordinarme con toda la maquinaria de los grandes despachos. Enganché el Museo Louvre de Abu Dhabi en pleno desarrollo, me acuerdo la arquitecta americana que parametrizó la cúpula para reducir la temperatura exterior de 50 a 35 grados, y como los ingenieros británicos estudiaban como aguantar la cúpula de 180m de diámetro con 4 apoyos, puras virguerías! Después, mi paso a Kengo Kuma fue una vuelta al despacho familiar, aquí en París somos unos veinte, y uno puede participar plenamente y asumir más responsabilidades. Se respira el ambiente de equipo joven, con muchos proyectos por delante y con ganas de hacer bien las cosas. Justo ahora venimos de entregar un concurso para una filarmónica. Creo que la arquitectura japonesa tiene muy buena recepción en Francia y, ¡esperemos que dure!



¡Espectacular! Y a día de hoy, ¿qué le dirías a un estudiante de primero?
Que si quiere una vida fácil se vaya a la facultad de enfrente, jaja. No, es una buena pregunta. Recuerdo la primera frase que soltó Elías Torres en mi taller de Proyecto Final de Carrera: “A vuestra edad, yo tenía mucha menos idea de arquitectura que vosotros. No tengáis miedo a preguntar, no tengáis miedo a aprender”. Fue un año magnífico… Eso después de que pasara los primeros cursos de la universidad callando muchas peguntas a profesores que escondían su inseguridad intelectual con el descrédito directo al alumnado. A un alumno de primero le diría que pregunte cada frase, ¡cada palabra que no entienda! Solo un alumnado crítico puede cambiar las cosas.


Ojalá pudieras hacerlo, porque es uno de los mejores consejos que podrían recibir. Si tuvieses que escoger un proyecto ajeno, ¿cuál sería y por qué? Y puestos a elegir un arquitecto, ¿quién?
No tengo proyecto preferido, del mismo modo que no tengo arquitecto, color, libro o canción preferida. ¡¿Por qué quedarse con uno?! De cada buen arquitecto se sacan lecciones. Viviendo en París he tenido ocasión de descubrir edificios increíbles, pero tal vez, el último edificio que me impactó fue la casa-museo del arquitecto John Soane en una breve visita a Londres. No te sabría dibujar ni un alzado, ni una planta, ni una sección representativa del proyecto pero es uno de esos proyectos que no entran por el ojo, sino por el ambiente tan especial en que te sumerge. Pero volviendo a la pregunta, personalmente estoy satisfecho de que los últimos Pritzker hayan caído en manos de arquitectos suizos, portugueses y japoneses, creo que evidencia una autocrítica a la arquitectura icónica que ha predominado en los últimos años.

Interesante reflexión. De no haberte decidido por esta profesión, ¿cuál hubieses elegido?
Creo que periodista. ¿¿Aún estoy a tiempo, no?? ¡No lo he descartado! Jaja. Me gusta escribir y creo que los periodistas tienen la oportunidad de leer sobre infinitos temas con un contacto social mucho más cercano del que tenemos los arquitectos.

Siempre hay tiempo, aunque no creo que te haga falta. Jaja. Seamos sinceros, ¿cuál es tu mayor miedo?
Tengo la gran suerte de estar muy activo profesionalmente en estos momentos. Combinar el ritmo de concursos internacionales con calidad de vida personal es un tema que siempre me ha preocupado. La profesión de arquitecto es muy exigente y motivadora, saber encontrar el equilibrio con las demás parcelas de la vida lleva su tiempo.

Desde luego que sí. Bien, ahora que ya te conocemos, la pregunta estrella: ¿cuál es tu consejo para salir de la crisis?
Creo que no soy el más apropiado para dar una respuesta a la crisis española ya que la estoy viviendo desde el extranjero. Me preocupa pensar que un país que ha invertido y generado por primera vez una generación universitaria de las mejores de Europa, no tenga mecanismos para atraer o, al menos conservar, el talento generado. Las universidades españolas están muy bien consideradas en sectores como medicina, ingenierías o arquitectura. Yo mismo he vivido en distintos países y he experimentado este respeto internacional hacia la formación universitaria española. Parece absurdo que un país que hasta hace poco ha vivido años de gran crecimiento económico, no haya sido capaz de generar un tejido empresarial más diversificado, especializado e innovador. ¿Soluciones? Becas de retorno, campus de investigación, fomento a las empresas jóvenes, programas de intercambio… ¡hay que apostar por nuestra generación!

Di que sí, a ver si te oyen. Pero, ¿cómo entraste en esta crisis?¿Cómo puede afectar a esta profesión, y a ti como persona?
Cuando acabé la carrera en el 2010, el empleo de jóvenes arquitectos ya había tocado fondo. Trabajé de prácticas en Miralles&Tagliabue durante seis meses, pero mi objetivo ya estaba en partir al extranjero. Buscaba trabajar en cosas que me motivaran y en Barcelona, los despachos que admiraba ofrecían situaciones insostenibles. Puedo equivocarme, pero creo que en estos momentos es mejor arriesgarse a montar algo por uno mismo o irse al extranjero antes que aceptar determinadas condiciones o tareas de muy bajo aprendizaje. Admiro muchísimo a la gente que, como vosotros, estáis luchando la crisis desde Málaga y que en un contexto tan negativo habéis logrado haceros un hueco. Algunos compañeros arquitectos también lo están logrando en Barcelona, aunque cuesta. En mi caso, preferí irme al extranjero con una beca Leonardo. Francia es un país aún muy activo a nivel de concursos públicos y he tenido la oportunidad de trabajar en despachos donde he podido aprender mucho y evolucionar como arquitecto. Diría que la crisis también tiene sus efectos positivos, se esta gestando una generación mucho más flexible e internacionalizada que espero que luego pueda volver, aportar y cambiar las cosas en casa.


Me alegra saber que compartimos ese optimismo. Por último y más importante, ¿qué queda del joven que se adentró en esta carrera?
¡Las mismas ganas de siempre…que no hay que perderlas!

¡Olé! Puede que la gente piense que esto es un simple homenaje de amigo, pero me gustaría aclarar que es mucho más que eso. Se trata de una muestra inequívoca de admiración con la cual pretendo transmitirles una inyección tan necesaria como interesante de optimismo y humildad. Un placer que, una vez más, considero oportuno compartir para permitirles ser partícipes de un honor de este calibre. Confío en que les guste tanto como a mí. Por mi parte, eres siempre sinónimo de alegría, inteligencia y aprendizaje. Sin más, darte las gracias por tu tiempo y por dejarme disfrutar de tan agradable compañía. Te debo la visita. Sinceramente, un amigo. Un abrazo.

Y hasta aquí nuestro #LunesdeTapitas de hoy.

Un saludo.


De tapitas con...

Jordi Vinyals
Arquitecto




viernes, 8 de febrero de 2013

¿Por qué?


Desde hace ya algún tiempo me entristece descubrir cómo la negatividad se apodera de mi entorno profesional inmediato. Durante toda mi vida he intentado, en lo posible, no sólo convivir en armonía con mi lado más optimista, sino impregnar a mis allegados de tal alegría y ganas de seguir disfrutando de nuestro día a día. En definitiva, devolver todo lo bueno que he recibido para continuar esa altruista cadena de favores y pequeños detalles, en la cual se debería convertir esta vida. Sin embargo, jamás había sentido tan cercana la desilusión reinante en estos tiempos de crisis.

Más allá de la preocupación que todos tenemos ante la complejidad con que se presenta el futuro económico, me aterra ver que la reacción ante esta evidente adversidad se empieza a tornar, peligrosamente, en resignación.

Sin duda, el golpe definitivo me lo atestó una experiencia tan interesante como evocadora.

En una visita reciente a la Universidad, me encontré rodeado por futuros arquitectos que, lejos de exprimir su etapa académica para cimentar las bases de sus consiguientes carreras profesionales a partir de conceptos como el interés y la pasión propios de un gremio tan vocacional como el nuestro; se encontraban deambulando sin rumbo definido entre asignaturas vacías y noches repletas de tensión y excesos de cruda y desproporcionada realidad.

Mi primera reacción fue de asombro. Escasos segundos después, mi cabeza evidenció el por qué. Si aquellos que ya estamos integrados de lleno en este complicado gremio, que ya hemos saboreado las mieles de la creatividad, nos regocijamos en lo complicado de nuestro devenir, ¿qué esperamos que respiren quienes por definición se encuentran en pleno proceso de aprendizaje, en los albores de un viaje hacia lo que parece ninguna parte?

Siempre que me preguntan acerca de mi etapa universitaria, me cuesta cierto esfuerzo comenzar mi discurso con palabras positivas. Si me ciño a la experiencia personal, la sonrisa es inmediata y rotunda. La satisfacción se desprende con cada letra que rebasa ansiosa los límites de mi boca.

Si, por el contrario, la cuestión se redirige hacia el trasfondo más profesional, las anécdotas se suceden caóticas, mostrando un panorama agridulce repleto de situaciones extremas, al límite de lo que considero mi estado normal de bienestar.

Con esto, me gustaría trasladar un problema detectado entre los jóvenes que hace temblar todos los mimbres de mi conciencia.

Si desproveemos a los jóvenes de la ilusión, de su interés por mejorar lo presente, de su irreverencia, de su capacidad crítica, de sus inquietudes, de sus ganas... ¿qué les vamos a dejar? Y lo que es peor, ¿quién va a asumir ahora ese papel en la sociedad? ¿Cómo vamos a avanzar si no es a raíz del empuje de los que vienen por detrás?

Estas preguntas, evidentemente retóricas, no hacen sino mostrar mi estado de inquietud. Un rumor continuo y maleducado que se empeña desde hace tiempo en distorsionar e interrumpir mi realidad, lastrando poco a poco mi moral.

Por desgracia, lo único que puedo aportar a título personal, son mis humildes palabras de ánimo con las que arengar a estos jóvenes arquitectos, para que crean en lo que hacen, para que sepan que se puede y para que afronten lo que está por llegar con la energía que necesitan.

Sin embargo, cada vez es más frecuente descubrirme en mitad de una charla o conferencia ante jóvenes emprendedores o estudiantes, cual motivador de masas, cual inyección de moral, renunciando al discurso previamente preparado y con ello a la materia académica correspondiente, para centrarme en el lado más humano de mis apesadumbrados oyentes.

Lo siento, pero me niego a aceptar esta situación. No podemos dejarles esta herencia tan horrible. No podemos cruzarnos de brazos ante tal desidia, ante tal desastre social.

Me gustaría que los organismos que, afortunadamente, han asumido a lo largo de la historia este papel, se sacudieran el miedo y la pena, se liberaran de la pesada carga que parece posarse sobre nuestras espaldas, para esforzarse en preparar a estos jóvenes valientes desde un punto de vista activo y decidido. Atajar de raíz el más mínimo esbozo de duda y contribuir desde nuestro presente a allanar todo lo posible su futuro.

Dejémonos de cambios absurdos y entrópicos, para retomar valores ancestrales y recuperar el espíritu docente de los sistemas educativos. Está bien preparar a los alumnos de cara a una realidad difícil, pero sin olvidar que no es aún la suya, y que de ellos depende que nunca lo sea.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Al mal tiempo... coherencia


Hola a todos, aquí os dejo mi propuesta para el pasado concurso de microrrelatos del Diario Sur.

Confío en que os guste.

Un saludo.

---------

Tras cinco años estudiando, uno de inmersión en el extranjero y tres trabajando... ¿ahora qué?

Muchos han decidido emular a nuestros antepasados. Otros, sobrevivir ante políticas de empresa cada vez más opresoras. Algunos se consuelan con una prestación por desempleo tan efímera como irreal. El resto, hemos decidido plantarnos, buscar una solución. Nada de huir ni quejarse sin más. Somos emprendedores.

Gente inquieta y valiente capaz de arriesgar por aprender a equivocarse, hasta que acertar carezca de emoción.

Este país necesita, más que nunca, soñadores, utópicos, amantes del trabajo. Suena raro, incluso irrisorio, pero mientras la sociedad no entienda este riesgo como cotidiano, seguiremos a expensas de que otro, ese jefe prepotente y “rácano”que no comparte sus beneficios, venga a salvarnos.

Por mi parte, lo tengo claro. Si algo no me gusta, intento mejorarlo. Si no puedo, aprendo a vivir con ello, lejos de la amargura del apático quejica.



martes, 26 de junio de 2012

Otra generación perdida


Mucho se ha hablado en estos últimos tiempos acerca de la difícil situación por la que atravesamos los jóvenes de este país. Un sin fin de referencias a los innumerables titulados que ante la ausencia de trabajo se ven forzados a embarcar en una nueva aventura más allá de la frontera. Un viaje tan desesperado como necesario. La alternativa, deambular sin rumbo aparente entre trabajos mal remunerados, cortoplacistas e incapaces de ilusionarnos.

La crítica generada al respecto, radica en la inversión fallida realizada por el país, al formar la mayor cantidad de jóvenes de su historia, para ahora ver, impotente, su huida hacia tierras más fértiles. Un desastre sin precedentes que podría derivar en una pérdida real de mano de obra y población activa, empeorada ante el riesgo de que estos aventureros no encuentren ocupación alguna y en cuestión de años se vean rechazados por la dura competencia que supondrán los jóvenes del momento, tan preparados como ellos, con la misma escasez de experiencia, pero sin los requisitos económicos asociados a alguien de mayor edad, ni las lagunas surgidas tras años de inactividad.

En definitiva, una amenaza desoladora que, si no actuamos, puede que se convierta en realidad antes de lo esperado.

Sin embargo, no es para tratar este tema por lo que me siento hoy aquí. Es evidente que son muchos los que, como yo, han tratado tal situación, y otros tantos los que han profundizado en ella. En mi caso, el motivo de este post, no es sino trasladar este problema a mi terreno. Defecto profesional, lo siento. Presentaros una amenaza similar, pero no tan importante. Una generación perdida que puede hacerse realidad entre nuestro parque inmobiliario nacional. Un riesgo, más material, pero no por ello menos preocupante.

Del mismo modo que ocurre con la población licenciada, son muchos los edificios de nueva construcción realizados en los últimos años. El famoso boom nacional ha dado lugar a gran cantidad de proyectos-inversión, donde la oferta no responde a demanda alguna, sino que se genera con la firme intención de crear una demanda nueva, hasta entonces inexistente.

Durante los años del progreso, la segunda residencia se ha visto multiplicada exponencialmente ante el aumento de ingresos y, por consiguiente, de la calidad media de vida. Todo ello, acrecentado por un sector financiero dispuesto a prestar los recursos necesarios para acometer tales inversiones.

La conclusión a este escenario, es más que conocida por todos. Grandes promociones ahogadas por los altos costes derivados de la especulación y la fe escondida tras una inminente negación de la apremiante crisis. Esqueletos de hormigón que, en mayor o menor grado de desarrollo, decoran nuestras laderas, playas, colinas y ciudades. Un nuevo paisaje semi-urbano que, lejos de ser temporal, se consolida cada día como nueva imagen de ciudad.

Desgraciadamente el país no parece ser capaz de revertir tal situación, ni hacer frente a esta herida. Pues dichos edificios incompletos o inutilizados, no son sino heridas abiertas por las cuales se escapan los pocos recursos de los que aún disponen sus promotores. Una vez desangrados, recurren a la única salida posible, cederlos a sus acreedores, los cuales se enfrentan a un exceso de mercancía sin precedentes. Por lógica, aquellas promociones mejor conservadas, o más avanzadas en su desarrollo, deberían ser colocadas poco a poco dentro de un mercado inmobiliario tan hundido como imprescindible. Es evidente que los citados jóvenes, pese a su escasez de recursos, deberán acceder a viviendas para continuar sus vidas y dar cobijo a sus familias.

Lo problemático, si no basta con lo ya expuesto, es el deterioro que sufre una vivienda o construcción deshabitada. Este abandono deriva en una falta evidente del mantenimiento y cuidados necesarios para el correcto funcionamiento de cualquier edificio. Por ello, corremos el riesgo de ver atónitos como este periodo de soledad se prolonga a lo largo de varios años, desembocando en un deterioro excesivo. Dicho de otro modo, alcanzar un grado de desperfectos tal, que sea más caro acometer su reforma, que su demolición y posterior reconstrucción. Por tanto, nos encontramos ante la posibilidad de perder un conjunto extenso de inmuebles, sin usar. Un derroche que, cuanto menos, debería resultarnos chocante en los tiempos que corren.

La solución al problema se me antoja complicada, pero, sin duda, me uno a aquellos que conscientes del problema, hacen por encontrarla, o, como poco, denunciarla.

No dejemos que nuestros jóvenes se cansen de intentar vivir con normalidad, ni permitamos el abandono gradual de recursos, a base de hipotecar los recursos futuros.



lunes, 11 de junio de 2012

De tapitas con... Antonio Palma


Otro lunes más, me enfrento al honor de entrevistar a un grande, un compañero y amigo al cual no me hace falta homenajear más de lo que lo hacen sus propios actos, sus propias obras. Os hablo de un arquitecto con una dilatada experiencia, que tras años de ejercer su pasión a través de numerosas muestras de diseño, es capaz de abandonarlo todo por continuar disfrutando de su profesión. Alguien para el cual las fronteras no son sino invitaciones a seguir aprendiendo. Un alumno con experiencia de profesor, un profesor con alma de alumno.

A título personal, no puedo sino reconocerle mi admiración por su interminable vitalidad, sus contagiosas ganas de disfrutar, su insaciable sed de experiencias, la ilusión con la cual se enfrenta a cada nuevo reto que se le presenta, ya sea buscado o encontrado.

Si alguien me preguntase su edad, probablemente les diría que es tan adulto como niño, lo más cercano a alguien atemporal, capaz de vivir cada instante como si fuese el último, el primero, pero sin olvidar todos los instantes anteriores ni los que sabe que aún están por llegar.

Aún recuerdo el día en que le conocí, aparentemente un día más de trabajo en la oficina. Aquel día, mi jefe se dirigió a mí para presentarme al que sería mi nuevo compañero-jefe durante la redacción del próximo concurso al que nos pretendíamos enfrentar. Sin duda, no podía ni imaginar al artista que realmente me estaban presentando. Artista en el más amplio sentido de la palabra. Los días que siguieron a aquel, se sucedieron con sorprendente naturalidad. Desde el primer momento me expresó sin palabras su respeto por los demás, su ilusión por el proyecto, por enseñar sin dejar de aprender. Su vehemencia argumental frente a su tranquila disposición a escuchar. Un sin fin de colores que no sólo se reflejaban en el uso de sus inseparables rotuladores, sino en cada esbozo verbal de la idea. En definitiva, una experiencia tan agradable como instructiva.

A partir de ahí, poco tiempo ha dado lugar a mucho. Más concursos en común, noches de interacción social, jornadas deportivas indescriptibles y un objetivo común, aprender idiomas.

Para terminar de definir a este peculiar interlocutor, decir que continúa inmerso en su gran objetivo, aprender idiomas, para lograr superar los obstáculos externos que le impiden desarrollar su gran afición, la arquitectura. Desde aquí desearle lo mejor en esta nueva aventura y presentaros a un genio con aires de loco, un señor de bastas maneras, un artista con vocación de amigo.

Bueno, empecemos fuerte: ¿Qué es para ti la arquitectura?
Arquitectura es espacio. Es la creación de un espacio limitado, protegido, confortable, favorecedor de la actividad humana, pero…… la buena arquitectura,….. además, es la creación de un espacio que es capaz de acariciar, a través de los sentidos, el alma humana. De llegar hasta ella.

Profundo. ¿Cuándo decidiste ser arquitecto?
De joven, en el Bachiller. No había nadie en este sector ni en la familia ni conocidos, pero…
Todo parte de una facilidad para el dibujo, de una buena percepción espacial, de un creer de cómo serían las cosas, quizás desde una conciencia muy tópica, casi de la calle. Fue ya durante la carrera donde tomas conciencia de lo que es esto de verdad. Algo vocacional. Algo que debes llevar en las venas si quieres hacer de tu profesión tu trabajo y tu hobby, en definitiva, tu vida.

¡Cuánta razón tienes! pero, ¿con qué frecuencia te arrepientes?
Es una profesión que te atrapa y como tal a veces te arrepientes de vivir tan poco el resto de las cosas, pero siempre es una falsa percepción de tu realidad. Cuando pasas una semana parado, ya andas dándole vueltas a la cabeza con nuevas y locas ideas. El arquitecto es una persona en definitiva con una alta sensibilidad y una alta capacidad de observación, además debe estar dotado de un espíritu contestatario, inquieto, transformador, de un creer que las cosas siempre pueden hacerse mejor. ¿Cómo puedes arrepentirte de sentirte parte de todo lo que te rodea? ¿De saber que tienes capacidad y conocimiento para transformarlo?

Suena bien, sin duda. ¿Cuál consideras que es el proyecto más relevante que has hecho hasta ahora?
Por su peso específico, la Biblioteca Municipal de Alhaurín el Grande, pero quizás, por su carácter plástico, una vivienda unifamiliar en Cerrado de Calderón, Málaga.

La verdad es que ambas son muy interesantes, difícil elegir una. ¿Cómo describirías la experiencia de llevarlos a cabo?
Apasionante. Duro. De locura. Estresante. Enriquecedor…. Los adjetivos positivos y negativos podrían alternarse durante un buen rato. Pero si tuviera que resumirlo en pocas palabras, diría……”podría haberse hecho mucho mejor, pero estoy orgulloso de lo que se hizo”.
¿No es lo que dice un padre de sus hijos?

Jajaja. ¿Cuál es el proyecto más ambicioso o loco en el que te has embarcado?
Difícil respuesta. Tantos… Sin un punto de ambición y locura nada sale. Sin embargo, ahora recuerdo que me dio por hacer una fosa séptica realizada por los mismos albañiles. Existían prefabricadas, pero de difícil acceso y alto coste. Estudié el problema, qué es lo que había en el mercado y diseñé mi propio modelo. La ejecutamos. Lo curioso es que cada cierto tiempo pedía a los albañiles que me las abrieran. Como comprenderás no era muy agradable, pero poco a poco fui mejorándola, en cada casa le añadía un algo que había notado que podía solucionar tal o cual problema. Ya hace tiempo que no las abro, pero aún no me han llamado. Supongo que funcionan, pues de no hacerlo, sería muy evidente….. ¿No?

Jajaja, muy Antonio Palma, sí señor. ¿Tu anécdota más curiosa?
Soy de los que pinto en las paredes de mis obras mis croquis, mis detalles constructivos. Curiosamente un día descubrí que había siempre detrás de mí un albañil armado con una cámara fotográfica. Parece que la constructora quería asegurarse de que no se perdieran, o quizás, usarlos en caso de necesidad…

¿Cuál sería tu cliente ideal?
Cada proyecto es diferente. Siempre empiezas de cero. Con el papel en blanco. En unos eres capaz de transmitir tus ideas, de contagiar a tu cliente, de hacerlo parte de tu equipo….en otros esa conexión no se produce, el cliente viene con demasiadas ideas preconcebidas, no buscan a un arquitecto, buscan a un técnico. Ambos son papeles dignos, pero el resultado suele ser muy diferente. La creatividad es la ilusión por hacer algo nuevo, que además de dar soluciones a un problema, sea capaz de ser resuelto con sencillez, brillantez y por supuesto belleza. El cliente perfecto no existe, pero se parece a aquel que te deja trabajar, que sólo expone sus objetivos, problemas y busca tus soluciones. Podrán ser asumidas o no por él, pero es como si fuéramos al médico porque nos duele el corazón y a la vez le dijéramos que tiene que operarnos por la nariz. La profesionalidad y buen hacer deberían ser las verdaderas razones por las que debería buscarse a un arquitecto y no a otro. Razones exclusivamente económicas sólo provocan un deterioro constante y decadente de la profesión. (Como decía cierto colaborador del pasado, “si pagas con cacahuetes…solo tendrás monos”)

Jajaja, esa me ha gustado. ¿Has podido trabajar ya con él o es sólo una utopía?
El cliente perfecto no existe, pero sí he trabajado con algunos clientes que te buscan por tu trabajo y buen hacer. (…aunque siempre intentan lo de los cacahuetes….)
Quizás, más que clientes ideales, nosotros luchamos día a día para que se parezcan un poco a ese ideal. Y te aseguro que no es tarea fácil.

¿Qué le dirías a un estudiante de primero?
Que se asegurara de su vocación, que la iba a necesitar. Que es una profesión muy sacrificada y con muchas responsabilidades, pero que, a su vez, es muy gratificante. Que el verdadero pago por tu trabajo casi nunca es económico (más en estos tiempos). Y que lo que lo llevo allí, que nunca lo olvide. Sin ilusión es imposible seguir.

Si tuvieses que escoger un proyecto ajeno, ¿cuál sería y por qué?
Elegiría entre los cientos que me gustan… un edificio que causó mi admiración siendo aún estudiante y que aún hoy sigue ocupando ese primer puesto.
El pabellón alemán de la Exposición Universal de 1929 en Barcelona de Mies van der Rohe.
Para mí es la máxima expresión de la sencillez y de la grandeza de los espacios. El interior y el exterior se confunden, se integran, se fusionan. La luz es arquitectura, la materia espacio. Es un edificio honesto, preclaro, donde lo menos sigue siendo más.

Y puestos a elegir un arquitecto, ¿quién?
Tadao Ando.
Por su maestría de la luz. Su poesía de la arquitectura. El agua. La materia. Por su autenticidad y sencillez. Su integración de la naturaleza, cómo el exterior entra en los edificios. Su obra en definitiva, es pensamiento plasmado, espiritualidad.

De no haberte decidido por esta profesión, ¿cuál hubieses elegido?
Ufffff……Con la que está cayendo en nuestra profesión decir que siempre me hubiera gustado ser arquitecto roza el masoquismo. Pero es así.
Quizás, puesto a buscar alternativas, otra profesión que necesita vocación, entrega y que tiene mucho de lo que tiene esta. Médico. (Al menos, creo, no me dirían por donde tengo que operar…o sí?...jajajaja)

Jajaja, no sé yo. Seamos sinceros, ¿cuál es tu mayor miedo?
Que esta crisis acabe destruyendo mi carrera profesional. Es como pasarte una vida diseñando, construyendo, mejorando un “Ferrari”…y cuando llega el momento de sacarlo a la carretera….No hay gasolina.

¿Cuál crees que es tu mayor virtud como arquitecto?
No haber perdido la ilusión del primer día. Seguir pensando que las cosas se pueden hacer bien. Mejores.

Bien, ahora que ya te conocemos, la pregunta estrella: ¿cuál es tu consejo para salir de la crisis?
El problema de esta Crisis, a mi entender,…..es la falta de rumbo, de Norte, de no saber hacia dónde dirigirnos. Son demasiados los factores que están afectando a la economía y muchas las presiones. Un increíble paro (se supone que la revolución, con estos números ya debería haberse producido), la desaparición de la pequeña empresa (verdadero sustento de la economía española), una administración sobredimensionada (el doble de la alemana, que no produce y que se auto-justifica ralentizando la “máquina”), la presión de Alemania sobre el resto de las economías (sus satélites serán los primeros en ser sacrificados antes de verse afectada su economía), un excesivo endeudamiento público (impidiendo incentivar y ayudar a los sectores productivos), la huida a otros países del capital privado…bueno…la lista ya sabemos que es bien larga.
Además, pienso que hay otra cosa más grave que estamos arriesgando, la perdida de ILUSIÓN.
Serán varias las generaciones afectadas, …los que ya llegaron, acabaran retirándose del mercado laboral antes de lo previsto (con las consiguientes pérdidas de experiencias); los que no llegaron pero casi lo consiguieron, verán frustrados sus anhelos, pensando que no aprovecharon su oportunidad, perdidos ante la tesitura de empezar de nuevo (con familia, hipotecas, deudas) o abandonar … (a mi entender, los más afectados); los que estaban empezando, si no se embarcaron en demasiados compromisos económicos, sabrán reaccionar, aunque son los que romperán el mercado, bajarán precios, inventarán nuevas formulas, son los que no tienen los lastres del pasado y ningún compromiso con el futuro, …
Los que no empezaron, o están a punto de hacerlo… ante esta terrible situación, simplemente se marcharán a otros lugares, pues nada los ata y sus capacidades aún están intactas. La pregunta clave es si el país se puede permitir el lujo de formar a tantas generaciones para después perderlas…?
Consejos para salir… no los tengo… sé que tendremos que reinventarnos, pero no sé en qué.

¿Cómo entraste en ella?
Cómo todos… viéndolas venir pero sin imaginar el alcance. Dudo que aún sepamos cual será este y sus consecuencias.
A finales de 2006 y comienzo de 2007, el sector privado empezó a desaparecer. Las grandes empresas empezaron a caer. Los proyectos importantes (parecía que por fin empezaban a llegar), comenzaron a anularse uno tras otro. Me pasé al sector público, y bueno muy interesante la experiencia, difícil, otra forma de trabajar, … pero más de lo mismo y a mediados de 2010, muchos de los trabajos quedaron “colgados” y sin cobrar. Desde hace un año no sale nada. Dicen que el paro afecta al 90% de la profesión y me lo creo.
Ahora… por un tiempo en Irlanda aprendiendo inglés, gastando el último cartucho y sabiendo que es necesario empezar de nuevo, con casi certeza absoluta, en otro lugar.

Esto es duro. ¿Cómo piensas que saldrás?
Como ya te dije… no lo sé. Sigo amando mi trabajo y sigo resistiéndome a perder la ilusión del primer día. Constantemente busco en mí aquellas cosas que me llevaron a enamorarme de mi profesión

¿Cómo puede afectar a esta profesión, y a ti como persona?
Creo que esta crisis dejará huella en todos los sectores, pero, el nuestro ya nunca será el mismo. Será otro,... diferente. Pienso que el arquitecto es una figura fundamental en nuestra sociedad. En un mundo donde la demografía sigue aumentando a un ritmo galopante, será necesario buscar nuevos modelos de crecimiento si no queremos acabar con el planeta y en eso, pienso, el arquitecto es uno de los protagonistas para buscar nuevas ideas. Es necesario que la figura del urbanista-planificador-constructor, surja de sus cenizas y se reinvente. Al igual que el concepto de familia está cambiando, los nuevos espacios habitables deben re-concebirse. Palabras actualmente tan machacadas como sostenibilidad, conservación, economía, energías limpias y renovables… se convertirán en las verdaderas reglas del futuro “ juego”.

Ya sabemos que es para ti la arquitectura, pero, ¿qué esperas que sea después de la crisis?
El momento de contracción que estamos viviendo, creo, será más duradero de lo que pensamos todos. Venimos de un momento expansivo, donde la arquitectura fue la diva de la fiesta, y por eso mismo, necesita bajar a los infiernos para recuperar su equilibrio y sitio. La arquitectura espectáculo deberá dejar paso a una arquitectura más coherente, más acorde a la realidad, al futuro que nos espera. Los proyectos emblemáticos, simbólicos, deberán dejar paso a otros más modestos pero más integrados. El problema de esta situación es que tanto arquitectos, promotores, políticos, etc. deben dejar ese afán de lucimiento, de poner los grandes focos del escenario mundial en sus productos para pasar a una situación más modesta y humilde… el problema es... ¿cómo hacerlo?... Supongo que deberemos tocar fondo para empezar de nuevo.

¿Qué queda del joven que se adentró en esta carrera?
Siempre lucho por ser joven, por ver el mundo con ojos nuevos, casi infantiles. Pero reconozco que en el fondo es un acto de autodisciplina… por cierto… muy gratificante cuando lo consigues.

Desde luego que sí. Una vez más, ha sido una auténtica experiencia poder disfrutar de esta interesante conversación contigo. Muchas gracias por tu tiempo y tu interés.
Un abrazo.

Y hasta aquí nuestro #LunesdeTapitas de hoy.

Un saludo.


De tapitas con...

Antonio Palma
Arquitecto

lunes, 28 de mayo de 2012

De tapitas con... Ángel Illescas


No es casual, ni mucho menos, empezar esta sección dedicada tanto a entrevistar compañeros como a homenajear amigos, con uno de los principales culpables de que a día de hoy, pueda llamarme arquitecto. Sí, porque nuestro protagonista aquí, no es sino mi compañero de batallas durante gran parte de la aventura universitaria, ese gaditano divertido y culto que supo aguantarme, si no sufrirme, durante todo el proceso académico.

Cuando pienso en la carrera, es imposible no recordar nuestras infinitas anécdotas en común, tantas noches de insomnio forzoso aderezadas con alguna que otra no tan obligada. Noches de creatividad sin límites, donde más allá de aspectos puramente arquitectónicos, nos fundíamos en interminables discusiones acerca del sentido de la vida y el lugar que se supone que debíamos ocupar en ella. Conversaciones tan interesantes como inapropiadas, teniendo en cuenta que siempre surgían en la noche previa a una entrega, que por más que nos esforzásemos en disimular, nos había vuelto a ganar la partida.

Polivalente hasta el punto de ser capaz de hacerte llorar de la risa o abrumarte con su retórica kafkiana. Ese iluminado capaz de sorprenderte con cada nuevo diseño. Un erudito aficionado al fútbol, un arquitecto con espíritu de humorista, un guitarrista apasionado con evidentes dotes de escritor; sin duda, una gran persona, brillante profesional y mejor amigo.

Son muchos los motivos que me llevan a profesarle el gran respeto y admiración que intento transmitir con estas humildes palabras. Pero por encima de todas, estarán siempre esos difíciles años en los cuales la edad nos pedía disfrutar el momento de un modo muy diferente al que lo tuvimos que hacer nosotros. En los más de cuatro años que compartimos irremediablemente juntos, ya fuese para preparar una entrega individual, de grupo, un examen o su correspondiente práctica, puedo decir orgulloso que jamás perdimos los papeles, jamás olvidamos al amigo que teníamos enfrente, por más que las situaciones nos invitaran a ello. Independientemente de las tensiones que pudieran surgir, nunca abandonamos esa sonrisa que acompañó nuestras andanzas, ese sentido del humor tan peculiar como efectivo, ese optimismo tan pragmático como crítico. Al fin y al cabo, nos empeñamos en llegar a ser lo que ahora somos, por más difícil que pudiera parecer, sin olvidar quienes éramos y lo que nos gustaba hacer.

Esta es la razón de que años después sigamos viéndonos, pese a los miles de kilómetros que separan nuestras respectivas vidas, y parezca que fue ayer cuando nos sentamos a estudiar aquel primer examen de Matemáticas II. Si alguien me pregunta por aquella etapa, sin dilación contestaré, que mereció sobradamente la pena.

No puedo sino agradecerle su apoyo durante estos años y permitiros el honor de compartir conmigo el placer de conocerle. Conocer a alguien que, permítanme esta licencia, está llamado a ser un auténtico referente; de hecho, su licenciatura, máster y futura tesis doctoral ya le avalan.

Bueno Ángel, ha llegado el momento, empecemos fuerte: ¿Que es para ti la arquitectura?
La arquitectura es el magnífico juego de los volúmenes bajo la luz… No, en serio, es muy difícil responder a esa pregunta.

Dicho esto, ¿cuándo decidiste ser arquitecto?
Sobre los 16 años, no recuerdo el día que se me ocurrió… A los 7 quería ser científico y a los 14 ingeniero de caminos. Me decidí finalmente por la arquitectura, me atraía ese lado creativo.

Me alegro de tal decisión. Y ahora en serio, ¿con qué frecuencia te arrepientes?
No me he arrepentido ni un solo segundo, en serio.

Me lo creo. ¿Cuál consideras que es el proyecto más relevante que has hecho hasta ahora?
Relevante ninguno. Para mi fueron importantes todos, aprendí mucho con cada uno.

¿Cómo describirías la experiencia de llevarlos a cabo?
Intensa, pasional. También extenuante, agotadora. Tú lo sabes bien.

Sí, algo me suena. ¿Cuál es el proyecto más ambicioso o loco en el que te has embarcado?
Locos casi todos. Ambiciosos también, pero en términos arquitectónicos, no económicos.

¿En qué momento fuiste consciente de estar inmerso en ellos?
La noche antes de la entrega.

Jajaja. ¿Tu anécdota más curiosa?
Hay cientos. Las noches en vela dan mucho de sí… Muchas las he pasado contigo. ¿Te acuerdas del campeonato de “goleítas” a las tantas de la madrugada? ¿En cuánto se quedó el récord?

La verdad es que no me acuerdo, de hecho, es una de esas cosas que me esfuerzo por olvidar. Jaja. No, fue bastante divertido. Permíteme aclararle a la gente que “goleítas” no es sino mantener la pelota en el aire a base de toques con el pie. Volviendo a la entrevista, ¿Cual sería tu cliente ideal?
El que respeta tu trabajo.

¿Has podido trabajar ya con él o es sólo una utopía?
Sí, los hay. Aunque también abunda lo contrario.

¿Qué le dirías a un estudiante de primero?
Que se lo pase lo mejor que pueda.

¿Qué te hubiese gustado escuchar a ti?
Lo mismo.

¿Qué fue lo que realmente escuchaste?
No recibí muchos consejos, la verdad. No tuve ningún “hermano mayor” arquitecto.

Si tuvieses que escoger un proyecto ajeno, ¿cuál sería y por qué?
Hoy te diría el Centro Gallego de Arte Contemporáneo de Siza. Es un edificio que estudio para mi tesis. Cuando lo visité tuve la sensación de estar en un lugar mágico… muy pocas veces he experimentado eso.

Y puestos a elegir un arquitecto, ¿quién?
Creo que lo he dejado claro… Admiro mucho a Siza.

Ya me hacía una idea, sí. Pero, de no haberte decidido por esta profesión, ¿cuál hubieses elegido?
Delantero centro del Cádiz. Empiezo a notar en el entrevistador cierto arrepentimiento o desencanto con la profesión… jajaja.

Para nada, jaja. Seamos sinceros, ¿cuál es tu mayor miedo?
Te refieres a lo profesional, ¿no? No tengo ningún miedo, tengo mucho que ganar y poco que perder.

Buena actitud. ¿Cuál crees que es tu mayor virtud como arquitecto?
Que me gusta mucho mi trabajo.

¿Cómo te definirías, pues, como arquitecto?
Comprometido.

¿Algo más que añadir?
Otra tapa de ensaladilla, por favor.

Bien, ahora que ya te conocemos, la pregunta estrella: ¿cuál es tu consejo para salir de la crisis?
Trabajar más duro.

¿Cómo entraste en ella?
De cabeza, nada más terminar la carrera.

¿Cómo piensas que saldrás?
Puede que la crisis haya venido para quedarse y haya que acostumbrarse. Pero la crisis tiene aspectos positivos. Hay más tiempo para reflexionar e investigar, y dicho sea de paso, para hacer las cosas mejor. Personalmente no creo que sea el fin del mundo…

Ya sabemos que es para ti la arquitectura, pero, ¿qué esperas que sea después de la crisis?
La profesión de arquitecto sigue siendo prácticamente la misma desde hace casi 50 siglos, es una profesión muy vieja. El primer arquitecto conocido se llamaba Imhotep, y vivió en torno el 2690 - 2610 a. C. en Egipto. No creo que haya cambiado mucho la profesión desde entonces. Después de la crisis, seguramente habrá muchos arquitectos haciendo otras cosas, pero lamentablemente no arquitectura.

Interesante respuesta. ¿Qué queda del joven que se adentró en esta carrera?
Encuentro la pregunta tendenciosa… ¿Tan viejo me ves ahora? Jajaja.

Ha sido un placer contestar estas preguntas, dime cuanto te debo por la terapia. Te felicito por la iniciativa. Hasta la próxima!
Sin lugar a dudas, el placer ha sido mío. Gracias a ti por prestarte a este interrogatorio improvisado. Mucha suerte con tus proyectos y para lo que necesites ya sabes donde encontrarme.
Un abrazo.


Y hasta aquí nuestro #LunesdeTapitas de hoy.

Un saludo.


De tapitas con...

Ángel Illescas
Arquitecto y Máster en Teoría y Práctica del Proyecto de Arquitectura


miércoles, 30 de noviembre de 2011

¡Basta ya!

Buenos días, sí, soy arquitecto. A mucha honra.

Soy uno de esos miles, que tras años de dedicación a mis estudios, ajeno a todo lo que representa la ansiada vida universitaria, y tras dar gracias por poder ejercer mi profesión por cuenta ajena, se encuentra en una situación bastante precaria e inquietante, o quizá no tanto.

Sin embargo, me gustaría salir a colación de este nuevo bombardeo mediático en el cual parece resultar morboso o atractivo, por no decir noticiable, el mal momento por el que pasa el sector. Agradezco la preocupación que parece reinar entre la sociedad acerca de nuestra situación laboral, es más, aprovecho la ocasión para denunciar y mostrar mi apoyo a todos aquellos que, desgraciadamente, no encuentran solución a esta encrucijada que se nos ha planteado.

Desde aquí, mi más sincera muestra de apoyo y ánimo.

Pese a ello, no estoy aquí para lamentarme y patalear, para echarme flores a la espalda por lo bien que lo estamos haciendo en una época tan dura y difícil. No. Se trata de destapar una realidad subyacente, daños colaterales de un periodo de bonanza sin igual. Una década de derroche y sinrazón que ha fraguado en una resaca difícil de asimilar.

Con ello no quiero criticar a mis compañeros por los posibles errores que hayan podido cometer, no nos engañemos, yo probablemente hubiese cometido muchos de ellos también. Más bien pretendo animar a todos aquellos implicados en tal penuria, a dedicar algo del mucho tiempo del que disponemos hoy día, a recapacitar acerca de dichos errores. Pensar en lo que realmente ha hecho mal cada uno. Algo tan simple y a la vez inusual como hacer autocrítica.

Efectivamente, los culpables de la mala situación que estamos viviendo somos los propios profesionales del sector que hemos permitido que esto ocurriera, cegados por el estado del bienestar en el que se ha vivido. Lo hecho, hecho está. Lamentarse o acusar a los demás no nos va a ayudar en nada. Sólo hay una cosa que nos queda por hacer: aprender de ello para evitar en lo posible que nos vuelva a ocurrir, y educar a los que están por llegar para ahorrarles este traspié.

Cimentar bien las bases del resurgir del sector y la profesión, asumiendo de antemano que no buscamos una vuelta al pasado, sino forjar un futuro esperanzador. Un futuro diferente pero no por ello peor. No debemos tener miedo a lo desconocido, o a rechazar modelos aparentemente muy rentables que han resultado ruinosos. Lo estúpido no está en equivocarse, sino en negar la evidencia.

Debemos retomar del pasado ciertos principios olvidados y devolver al arquitecto al lugar que le pertenece. El del profesional formado para ayudar a los ciudadanos a encontrar soluciones a uno de los problemas más antiguos del ser humano, el habitar. La necesidad innata de protegernos de la intemperie, pernoctar a cubierto, resguardar nuestros bienes, favorecer nuestra intimidad, optimizar nuestro trabajo o, lo más importante, simplemente disfrutar de una estancia agradable.

No debemos ser vistos como esos ricachones prepotentes que no osan manchar sus zapatos de marca en el barro de sus obras, ese impuesto desagradable y obligatorio asociado al molesto trámite administrativo, ese gasto innecesario y excesivo. No. Somos mucho más que todo eso. Ello no quita que haya ciertos momentos en los que se hayan dado innumerables razones para alimentar estos bulos. Pero no por ello debemos caer en el desánimo y aceptar ciertos prejuicios ya instaurados, o lo que es aún peor, contribuir a tal debacle desprestigiando nuestro trabajo y regalando los honorarios. No soy nadie para juzgar las acciones de otros compañeros, pero desde luego no nos hacemos ningún favor entrando en una batalla sin ley por la bajada desorbitada de precios, hasta el punto de que nos cueste dinero ejercer nuestro trabajo. La crisis está ahí, y hay que adaptarse. Pero sin cruzar determinados límites que no hacen sino infravalorar nuestro empeño.

Por todo ello, aprovecho para arengar a mis compañeros en estos momentos duros y a la vez bonitos, donde replantearse los errores y mejorar nuestras actitudes y aptitudes, a buscar nuevos caminos sin por ello abandonar esta bella profesión. Encontrar de nuevo nuestro espacio, ese pequeño rincón de felicidad desde el cual ayudar en lo posible a los demás y ganarnos la vida con orgullo. Nuevos puntos de vista desde los cuales observar a la arquitectura, y dejar que ella nos observe a nosotros. No me cabe duda, que hay ciertos claros entre las penumbras. Aún se puede hacer arquitectura, sólo que no de la forma que el tiempo nos ha enseñado a rechazar. Así lo hago, lo haré, y sé que no estaré solo.

Entiendo cuando ciertos jóvenes, rodeados de explotación y rechazo, deciden abandonar todo lo que tienen para emprender una nueva aventura más allá de nuestras fronteras. Es lógico y muy loable. Sin embargo, la única pega a tan lícita reacción, es la falta de recursos que amenaza al país. Por desgracia, que yo, individuo aislado, denuncie este riesgo nacional, no va a contribuir en nada. O quizá sí. Quizá la gente decida luchar por lo nuestro, por esos talentos formados con el dinero de nuestro esfuerzo, que en vez de afrontar lo que está por venir con frescura e ilusión, se ven obligados a huir en busca de ese reconocimiento perdido, dejando el cambio en otras manos, cansadas y acomodadas tras años de profesión.

Confío en que las instituciones educativas, colegiales y gubernamentales destinadas a tal fin, sepan lidiar con esta res, y encuentren soluciones coherentes y esperanzadoras.

Ánimo y suerte. No sólo a ellos, sino a nosotros y los más importantes, nuestros descendientes.


Es ahora, cuando leyendo esas historias de superación y humildad, me siento más arquitecto, más ciudadano.