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martes, 7 de octubre de 2014

La “desmitificación” admirada

Este enigmático título no responde sino a uno de los principales procesos evolutivos a los que, inevitablemente, se enfrenta todo ser humano. Concretamente se trata de la transformación progresiva que todos experimentamos a lo largo de nuestra vida, vinculada irremediablemente al proceso de madurez.

Cuando nacemos, necesitamos de unos años para apropiarnos de nuestros actos y hacer uso de la razón. Desde ese mismo instante, nuestros padres se erigen en las figuras idolatradas y fascinantes con que compartimos la infancia. Esos superhéroes capaces de todo, menos de equivocarse.

Personas mitificadas por nuestra ingenuidad y una muestra desproporcionada de cariño familiar.

Inexplicablemente el tiempo nos reconduce hacia una postura más fría e independiente en la cual nuestros padres se van desprendiendo de toda virtud extraordinaria para verse rodeados de mediocridad e incluso defectos. Una metamorfosis tan sorprendente como inevitable. Popularmente aceptada, evidencia la complejidad de la mente humana.

La pubertad y posterior juventud se escapa de nuestras manos al mismo tiempo en que el bucle de cariño hacia nuestros padres nos devuelve a una posición positiva en la cual reconocer más los méritos que los errores. La edad hace el resto y lo que antes era un fanatismo desprovisto de toda razón, se torna en simple admiración.


Un recorrido vital de ida y vuelta, sólo tamizado por la madurez, herramienta empleada por la naturaleza para prepararnos con ayuda del tiempo de cara a las diferentes etapas del bucle en que nos sume la vida, pasando de niños a padres y posteriormente a abuelos. Repetidos giros a través de ese bucle infinito en el cual nos desplazamos por los distintos puntos de vista hasta que dejamos nuestro lugar a los que están por llegar. Un aprendizaje constante y divertido en el cual observar el mismo hecho, al que llamamos vida, desde infinitas perspectivas.

lunes, 20 de mayo de 2013

De tapitas con... Jordi Vinyals


Un lunes más me encuentro ante uno de los principales referentes arquitectónicos que han condicionado mi carrera. No se trata de un afamado arquitecto, al menos todavía, pero sin duda aspira a convertirse en ello. Apunten bien este nombre: Jordi Vinyals.

La incredulidad podría apoderarse de algunos y desconfiar de tal afirmación, sin embargo, un simple vistazo a su curriculum, acallaría todo intento o amago de duda.

Veintisiete años, cinco idiomas fluidos, más de tres años de experiencia en los mejores estudios europeos del momento (incluidos Miralles, Nouvel y Kuma) y una carrera académica llena de logros, sólo podría verse ensombrecida por su gran trayectoria personal. La cara oculta de toda luna académica, tan importante como obviada en la mayoría de curriculum contemporáneos.

Un amante de la lectura, así como cualquier representación del arte, que no alardea de una cultura admirable y una madurez sorprendente. Humilde erudito, sorprende su aspecto más melómano.

Nuestra amistad surge como toda buena amistad debe surgir, sin querer. Casi de casualidad, nuestras trayectorias se encuentran en un lugar remoto, Berlín, atraídos por un interés común, la arquitectura de esta bella capital europea. Todo ello acompañado del consiguiente interés por el idioma alemán. Para ser completamente sincero, tampoco negaré que su ajetreada vida nocturna y su interminable oferta cultural influyeran en la elección de este destino Erasmus, al menos por mi parte.

Conviviendo en la misma residencia, a pocos meses de su demolición, amigos comunes nos recuerdan que compartimos la misma Escuela de Arquitectura (TUBerlin), lo cual deriva en lo que considero el inicio de todo esto:

Vagamente conocido, mi improvisado compañero de Proyectos, se dirige a mí a escasos segundos de comenzar la exposición con la cual introducirnos a nuestra profesora y futuros compañeros:
    - ¿Prefieres que nos presentemos en Inglés o en Alemán?
    - Ante tremenda tesitura, logro acallar la inmensa carcajada interna que invade mi interior. Sereno, respondo con un conciso: - Lo que prefieras. Empieza, que yo te sigo.

Lo que entendí como un acto de excelente superioridad, resultó ser una muestra más de su grandeza y de mi atrevida valentía. No me mentía un ápice al permitirse elegir entre ambas alternativas, de la misma forma en que mi sinceridad quedó presente al transmitir mi lamentable soltura en ambos idiomas por igual, así como mi garantizada capacidad para secundarle.

Así fue. Afortunadamente decidió iniciar con el inglés, la que sería la primera de muchas de las intervenciones más divertidas que, estoy seguro, ha vivido tan interesante universidad. Capaces de suplir nuestras carencias idiomáticas, especialmente en mi caso, con el desparpajo y simpatía propios de estas latitudes, logramos en pocos días evitar la indiferencia de nuestros asombrados espectadores.

Lo más importante, sin duda, ver que tras toda esa alocada fachada de sonrisas y diversión, se escondía una maravillosa pasión por nuestro trabajo.

A día de hoy, en plena visita por tierras andaluzas, este divertido catalán afincado en París demuestra una vez más su envidiable capacidad para disfrutar de la vida y hacer más fácil la de aquellos que le rodean.

Sin más, les dejo con el desarrollo de nuestra conversación.

Bueno, empecemos fuerte: ¿Que es para ti la arquitectura?
¡Demasiado fuerte! Creo que soy muy joven para dar definiciones, así que prefiero citar algo que leí ayer en un libro de Pallasmaa: “el proyecto moderno ha albergado el intelecto y el ojo, pero ha dejado sin hogar al cuerpo y al resto de los sentidos, así como a nuestros recuerdos, nuestros sueños y nuestra imaginación”. La apunté en mi cuaderno, creo que es una definición muy vigente si pensamos en las crecientes experiencias de distanciamiento y soledad en el mundo tecnológico actual.

Sí que empezamos fuerte, sí. Dicho esto, ¿cuándo decidiste ser arquitecto?
Pues tengo hermano y padre arquitectos, con eso ya te lo he dicho todo! Lo viví en casa desde pequeño, viajábamos mucho y con mi padre perseguíamos las piedras. Cuando empecé la universidad tuve la sensación de que era lo que siempre había querido estudiar.

Y ahora en serio, ¿con qué frecuencia te arrepientes?
Jajajaja. Si hubiera sabido la que venía mejor hubiera estudiado para inspector de hacienda que allí sobra trabajo, jaja. No, en serio, creo que arrepentimiento no es la palabra. Considero que los estudios de arquitectura son muy completos y de ellos aprendí a disfrutar de muchas cosas de dentro y fuera de la arquitectura. Hay pocas carreras que te den eso. Sin embargo, es cierto que después de unos estudios muy exigentes, el futuro profesional es menos esperanzador que nunca. Tengo amigos cercanos, ingenieros o abogados, que al menos pueden, con más o menos suerte, dedicarse a lo que han estudiado. En nuestro país, la mayoría de arquitectos de nuestra generación no pueden dedicarse a ser arquitectos y si lo hacen, aceptan unas condiciones laborales frecuentemente inaceptables.

Estoy de acuerdo, la verdad. ¿Cual consideras que es el proyecto más relevante que has hecho hasta ahora y cómo describirías la experiencia?
Sabes, al final cada proyecto en el que trabajas es relevante. De alguna manera entre el diseño de un mueble y un plan urbanístico, el ejercicio mental es el mismo, lo único que cambia es la escala. En Barcelona tuve la ocasión de llevar el diseño de una silla en mimbre, parece sencillo, pero el ejercicio de dominar un material es interesantísimo. Más tarde ya en Francia, pasé a trabajar en proyectos de gran escala y de urbanismo aprendiendo a coordinarme con toda la maquinaria de los grandes despachos. Enganché el Museo Louvre de Abu Dhabi en pleno desarrollo, me acuerdo la arquitecta americana que parametrizó la cúpula para reducir la temperatura exterior de 50 a 35 grados, y como los ingenieros británicos estudiaban como aguantar la cúpula de 180m de diámetro con 4 apoyos, puras virguerías! Después, mi paso a Kengo Kuma fue una vuelta al despacho familiar, aquí en París somos unos veinte, y uno puede participar plenamente y asumir más responsabilidades. Se respira el ambiente de equipo joven, con muchos proyectos por delante y con ganas de hacer bien las cosas. Justo ahora venimos de entregar un concurso para una filarmónica. Creo que la arquitectura japonesa tiene muy buena recepción en Francia y, ¡esperemos que dure!



¡Espectacular! Y a día de hoy, ¿qué le dirías a un estudiante de primero?
Que si quiere una vida fácil se vaya a la facultad de enfrente, jaja. No, es una buena pregunta. Recuerdo la primera frase que soltó Elías Torres en mi taller de Proyecto Final de Carrera: “A vuestra edad, yo tenía mucha menos idea de arquitectura que vosotros. No tengáis miedo a preguntar, no tengáis miedo a aprender”. Fue un año magnífico… Eso después de que pasara los primeros cursos de la universidad callando muchas peguntas a profesores que escondían su inseguridad intelectual con el descrédito directo al alumnado. A un alumno de primero le diría que pregunte cada frase, ¡cada palabra que no entienda! Solo un alumnado crítico puede cambiar las cosas.


Ojalá pudieras hacerlo, porque es uno de los mejores consejos que podrían recibir. Si tuvieses que escoger un proyecto ajeno, ¿cuál sería y por qué? Y puestos a elegir un arquitecto, ¿quién?
No tengo proyecto preferido, del mismo modo que no tengo arquitecto, color, libro o canción preferida. ¡¿Por qué quedarse con uno?! De cada buen arquitecto se sacan lecciones. Viviendo en París he tenido ocasión de descubrir edificios increíbles, pero tal vez, el último edificio que me impactó fue la casa-museo del arquitecto John Soane en una breve visita a Londres. No te sabría dibujar ni un alzado, ni una planta, ni una sección representativa del proyecto pero es uno de esos proyectos que no entran por el ojo, sino por el ambiente tan especial en que te sumerge. Pero volviendo a la pregunta, personalmente estoy satisfecho de que los últimos Pritzker hayan caído en manos de arquitectos suizos, portugueses y japoneses, creo que evidencia una autocrítica a la arquitectura icónica que ha predominado en los últimos años.

Interesante reflexión. De no haberte decidido por esta profesión, ¿cuál hubieses elegido?
Creo que periodista. ¿¿Aún estoy a tiempo, no?? ¡No lo he descartado! Jaja. Me gusta escribir y creo que los periodistas tienen la oportunidad de leer sobre infinitos temas con un contacto social mucho más cercano del que tenemos los arquitectos.

Siempre hay tiempo, aunque no creo que te haga falta. Jaja. Seamos sinceros, ¿cuál es tu mayor miedo?
Tengo la gran suerte de estar muy activo profesionalmente en estos momentos. Combinar el ritmo de concursos internacionales con calidad de vida personal es un tema que siempre me ha preocupado. La profesión de arquitecto es muy exigente y motivadora, saber encontrar el equilibrio con las demás parcelas de la vida lleva su tiempo.

Desde luego que sí. Bien, ahora que ya te conocemos, la pregunta estrella: ¿cuál es tu consejo para salir de la crisis?
Creo que no soy el más apropiado para dar una respuesta a la crisis española ya que la estoy viviendo desde el extranjero. Me preocupa pensar que un país que ha invertido y generado por primera vez una generación universitaria de las mejores de Europa, no tenga mecanismos para atraer o, al menos conservar, el talento generado. Las universidades españolas están muy bien consideradas en sectores como medicina, ingenierías o arquitectura. Yo mismo he vivido en distintos países y he experimentado este respeto internacional hacia la formación universitaria española. Parece absurdo que un país que hasta hace poco ha vivido años de gran crecimiento económico, no haya sido capaz de generar un tejido empresarial más diversificado, especializado e innovador. ¿Soluciones? Becas de retorno, campus de investigación, fomento a las empresas jóvenes, programas de intercambio… ¡hay que apostar por nuestra generación!

Di que sí, a ver si te oyen. Pero, ¿cómo entraste en esta crisis?¿Cómo puede afectar a esta profesión, y a ti como persona?
Cuando acabé la carrera en el 2010, el empleo de jóvenes arquitectos ya había tocado fondo. Trabajé de prácticas en Miralles&Tagliabue durante seis meses, pero mi objetivo ya estaba en partir al extranjero. Buscaba trabajar en cosas que me motivaran y en Barcelona, los despachos que admiraba ofrecían situaciones insostenibles. Puedo equivocarme, pero creo que en estos momentos es mejor arriesgarse a montar algo por uno mismo o irse al extranjero antes que aceptar determinadas condiciones o tareas de muy bajo aprendizaje. Admiro muchísimo a la gente que, como vosotros, estáis luchando la crisis desde Málaga y que en un contexto tan negativo habéis logrado haceros un hueco. Algunos compañeros arquitectos también lo están logrando en Barcelona, aunque cuesta. En mi caso, preferí irme al extranjero con una beca Leonardo. Francia es un país aún muy activo a nivel de concursos públicos y he tenido la oportunidad de trabajar en despachos donde he podido aprender mucho y evolucionar como arquitecto. Diría que la crisis también tiene sus efectos positivos, se esta gestando una generación mucho más flexible e internacionalizada que espero que luego pueda volver, aportar y cambiar las cosas en casa.


Me alegra saber que compartimos ese optimismo. Por último y más importante, ¿qué queda del joven que se adentró en esta carrera?
¡Las mismas ganas de siempre…que no hay que perderlas!

¡Olé! Puede que la gente piense que esto es un simple homenaje de amigo, pero me gustaría aclarar que es mucho más que eso. Se trata de una muestra inequívoca de admiración con la cual pretendo transmitirles una inyección tan necesaria como interesante de optimismo y humildad. Un placer que, una vez más, considero oportuno compartir para permitirles ser partícipes de un honor de este calibre. Confío en que les guste tanto como a mí. Por mi parte, eres siempre sinónimo de alegría, inteligencia y aprendizaje. Sin más, darte las gracias por tu tiempo y por dejarme disfrutar de tan agradable compañía. Te debo la visita. Sinceramente, un amigo. Un abrazo.

Y hasta aquí nuestro #LunesdeTapitas de hoy.

Un saludo.


De tapitas con...

Jordi Vinyals
Arquitecto




lunes, 28 de mayo de 2012

De tapitas con... Ángel Illescas


No es casual, ni mucho menos, empezar esta sección dedicada tanto a entrevistar compañeros como a homenajear amigos, con uno de los principales culpables de que a día de hoy, pueda llamarme arquitecto. Sí, porque nuestro protagonista aquí, no es sino mi compañero de batallas durante gran parte de la aventura universitaria, ese gaditano divertido y culto que supo aguantarme, si no sufrirme, durante todo el proceso académico.

Cuando pienso en la carrera, es imposible no recordar nuestras infinitas anécdotas en común, tantas noches de insomnio forzoso aderezadas con alguna que otra no tan obligada. Noches de creatividad sin límites, donde más allá de aspectos puramente arquitectónicos, nos fundíamos en interminables discusiones acerca del sentido de la vida y el lugar que se supone que debíamos ocupar en ella. Conversaciones tan interesantes como inapropiadas, teniendo en cuenta que siempre surgían en la noche previa a una entrega, que por más que nos esforzásemos en disimular, nos había vuelto a ganar la partida.

Polivalente hasta el punto de ser capaz de hacerte llorar de la risa o abrumarte con su retórica kafkiana. Ese iluminado capaz de sorprenderte con cada nuevo diseño. Un erudito aficionado al fútbol, un arquitecto con espíritu de humorista, un guitarrista apasionado con evidentes dotes de escritor; sin duda, una gran persona, brillante profesional y mejor amigo.

Son muchos los motivos que me llevan a profesarle el gran respeto y admiración que intento transmitir con estas humildes palabras. Pero por encima de todas, estarán siempre esos difíciles años en los cuales la edad nos pedía disfrutar el momento de un modo muy diferente al que lo tuvimos que hacer nosotros. En los más de cuatro años que compartimos irremediablemente juntos, ya fuese para preparar una entrega individual, de grupo, un examen o su correspondiente práctica, puedo decir orgulloso que jamás perdimos los papeles, jamás olvidamos al amigo que teníamos enfrente, por más que las situaciones nos invitaran a ello. Independientemente de las tensiones que pudieran surgir, nunca abandonamos esa sonrisa que acompañó nuestras andanzas, ese sentido del humor tan peculiar como efectivo, ese optimismo tan pragmático como crítico. Al fin y al cabo, nos empeñamos en llegar a ser lo que ahora somos, por más difícil que pudiera parecer, sin olvidar quienes éramos y lo que nos gustaba hacer.

Esta es la razón de que años después sigamos viéndonos, pese a los miles de kilómetros que separan nuestras respectivas vidas, y parezca que fue ayer cuando nos sentamos a estudiar aquel primer examen de Matemáticas II. Si alguien me pregunta por aquella etapa, sin dilación contestaré, que mereció sobradamente la pena.

No puedo sino agradecerle su apoyo durante estos años y permitiros el honor de compartir conmigo el placer de conocerle. Conocer a alguien que, permítanme esta licencia, está llamado a ser un auténtico referente; de hecho, su licenciatura, máster y futura tesis doctoral ya le avalan.

Bueno Ángel, ha llegado el momento, empecemos fuerte: ¿Que es para ti la arquitectura?
La arquitectura es el magnífico juego de los volúmenes bajo la luz… No, en serio, es muy difícil responder a esa pregunta.

Dicho esto, ¿cuándo decidiste ser arquitecto?
Sobre los 16 años, no recuerdo el día que se me ocurrió… A los 7 quería ser científico y a los 14 ingeniero de caminos. Me decidí finalmente por la arquitectura, me atraía ese lado creativo.

Me alegro de tal decisión. Y ahora en serio, ¿con qué frecuencia te arrepientes?
No me he arrepentido ni un solo segundo, en serio.

Me lo creo. ¿Cuál consideras que es el proyecto más relevante que has hecho hasta ahora?
Relevante ninguno. Para mi fueron importantes todos, aprendí mucho con cada uno.

¿Cómo describirías la experiencia de llevarlos a cabo?
Intensa, pasional. También extenuante, agotadora. Tú lo sabes bien.

Sí, algo me suena. ¿Cuál es el proyecto más ambicioso o loco en el que te has embarcado?
Locos casi todos. Ambiciosos también, pero en términos arquitectónicos, no económicos.

¿En qué momento fuiste consciente de estar inmerso en ellos?
La noche antes de la entrega.

Jajaja. ¿Tu anécdota más curiosa?
Hay cientos. Las noches en vela dan mucho de sí… Muchas las he pasado contigo. ¿Te acuerdas del campeonato de “goleítas” a las tantas de la madrugada? ¿En cuánto se quedó el récord?

La verdad es que no me acuerdo, de hecho, es una de esas cosas que me esfuerzo por olvidar. Jaja. No, fue bastante divertido. Permíteme aclararle a la gente que “goleítas” no es sino mantener la pelota en el aire a base de toques con el pie. Volviendo a la entrevista, ¿Cual sería tu cliente ideal?
El que respeta tu trabajo.

¿Has podido trabajar ya con él o es sólo una utopía?
Sí, los hay. Aunque también abunda lo contrario.

¿Qué le dirías a un estudiante de primero?
Que se lo pase lo mejor que pueda.

¿Qué te hubiese gustado escuchar a ti?
Lo mismo.

¿Qué fue lo que realmente escuchaste?
No recibí muchos consejos, la verdad. No tuve ningún “hermano mayor” arquitecto.

Si tuvieses que escoger un proyecto ajeno, ¿cuál sería y por qué?
Hoy te diría el Centro Gallego de Arte Contemporáneo de Siza. Es un edificio que estudio para mi tesis. Cuando lo visité tuve la sensación de estar en un lugar mágico… muy pocas veces he experimentado eso.

Y puestos a elegir un arquitecto, ¿quién?
Creo que lo he dejado claro… Admiro mucho a Siza.

Ya me hacía una idea, sí. Pero, de no haberte decidido por esta profesión, ¿cuál hubieses elegido?
Delantero centro del Cádiz. Empiezo a notar en el entrevistador cierto arrepentimiento o desencanto con la profesión… jajaja.

Para nada, jaja. Seamos sinceros, ¿cuál es tu mayor miedo?
Te refieres a lo profesional, ¿no? No tengo ningún miedo, tengo mucho que ganar y poco que perder.

Buena actitud. ¿Cuál crees que es tu mayor virtud como arquitecto?
Que me gusta mucho mi trabajo.

¿Cómo te definirías, pues, como arquitecto?
Comprometido.

¿Algo más que añadir?
Otra tapa de ensaladilla, por favor.

Bien, ahora que ya te conocemos, la pregunta estrella: ¿cuál es tu consejo para salir de la crisis?
Trabajar más duro.

¿Cómo entraste en ella?
De cabeza, nada más terminar la carrera.

¿Cómo piensas que saldrás?
Puede que la crisis haya venido para quedarse y haya que acostumbrarse. Pero la crisis tiene aspectos positivos. Hay más tiempo para reflexionar e investigar, y dicho sea de paso, para hacer las cosas mejor. Personalmente no creo que sea el fin del mundo…

Ya sabemos que es para ti la arquitectura, pero, ¿qué esperas que sea después de la crisis?
La profesión de arquitecto sigue siendo prácticamente la misma desde hace casi 50 siglos, es una profesión muy vieja. El primer arquitecto conocido se llamaba Imhotep, y vivió en torno el 2690 - 2610 a. C. en Egipto. No creo que haya cambiado mucho la profesión desde entonces. Después de la crisis, seguramente habrá muchos arquitectos haciendo otras cosas, pero lamentablemente no arquitectura.

Interesante respuesta. ¿Qué queda del joven que se adentró en esta carrera?
Encuentro la pregunta tendenciosa… ¿Tan viejo me ves ahora? Jajaja.

Ha sido un placer contestar estas preguntas, dime cuanto te debo por la terapia. Te felicito por la iniciativa. Hasta la próxima!
Sin lugar a dudas, el placer ha sido mío. Gracias a ti por prestarte a este interrogatorio improvisado. Mucha suerte con tus proyectos y para lo que necesites ya sabes donde encontrarme.
Un abrazo.


Y hasta aquí nuestro #LunesdeTapitas de hoy.

Un saludo.


De tapitas con...

Ángel Illescas
Arquitecto y Máster en Teoría y Práctica del Proyecto de Arquitectura