sábado, 5 de marzo de 2016

Hacia la vivienda "habitable" para la cuarta edad

Álvaro Fernández
Hacia la vivienda “habitable” para la cuarta edad
Máster Universitario en Accesibilidad Universal y Diseño para Todos
Universidad de Jaén


RESUMEN

Como punto de partida de cara a la definición de la vivienda habitable para la cuarta edad, se realizó una investigación acerca de la industria de las CCRCs en Estados Unidos, a través del eje estratégico Nueva York-Los Ángeles-Miami. Pese a su capacidad para adaptar los servicios sanitarios a las necesidades cambiantes de los residentes, aún presentan ciertas carencias en cuanto a flexibilidad del diseño arquitectónico se refiere. Por ello, este estudio viene a confirmar la importancia social de fomentar una arquitectura basada en el Diseño Universal, capaz de resolver las necesidades habitacionales de sus usuarios.

Palabras clave: accesibilidad, CCRC, viviendas para ancianos, cuarta edad, envejecimiento de la población, entornos discriminatorios, habitabilidad, diseño para todos, arquitectura universal.



ABSTRACT


In order to find the livable housing for the fourth age, a research was made focused on the US industry of CCRCs (Continuing Care Retirement Communities), through strategic axis New York-Los Angeles-Miami. Despite their ability to adapt to the changing healthcare needs of residents, still have some gaps concerning the flexibility of architectural design. Issues such as the lack of universal design references, non-commitment to diversity, or inadequate floor plans, evidence the lack of innovation in housing design. Therefore, this study confirms the social importance of fostering an architecture based on universal design, able of solving the housing needs of its users.

Keywords: accessibility, Continuing Care Retirement Communities, senior housing, fourth age, aging population, discriminatory environments, livability, design for all, universal architecture.



1. Introducción

Desde hace décadas, la adquisición de una vivienda se ha convertido en una inversión económica para toda la vida, sin embargo, aún no se ha logrado que arquitectónicamente garanticen al usuario la habitabilidad y accesibilidad necesarias, durante un periodo tan largo y cambiante. Esto ha derivado en una industria especializada dedicada a cubrir esta necesidad entre las personas de edad avanzada.

Cabe destacar que cuando hablamos de personas mayores o de edad avanzada, hay que tener en cuenta que nos referimos a un amplio grupo de personas donde la heterogeneidad es su principal seña de identidad. En este sentido, tradicionalmente se ha definido a este sector poblacional como la tercera edad, sin embargo, desde el punto de vista demográfico, sanitario o psicológico, se distinguen dos etapas bien diferenciadas, definidas como la tercera y la cuarta edad. El límite real entre ambas es algo muy subjetivo y ambiguo, puesto que se tiende a entender que el salto entre uno y otro nivel, responde a una modificación en las condiciones de vida de la persona (SMITH, Jacqui. 2000).

En respuesta a esta necesidad, la Declaración de Estocolmo ratifica este concepto estableciendo como principal objetivo del Diseño para Todos (Design for All), “hacer posible que todas las personas dispongan de igualdad de oportunidades y de participar en cada aspecto de la sociedad. Para conseguir esto, el entorno construido, los objetos cotidianos, los servicios, la cultura y la información, en resumen, todo lo que está diseñado o hecho por personas para las personas ha de ser accesible, y útil para todos los miembros de la sociedad y consecuente con la continua evolución de la diversidad humana”.

A partir de esta afirmación, se hace fundamental establecer unos parámetros mínimos sobre los cuales garantizar la igualdad de oportunidades para todos los usuarios, desde un punto de vista inclusivo. Como su propio nombre indica, incluir supone integrar a las minorías dentro de una mayoría o colectivo mayor comprendido por la totalidad del tejido poblacional ciudadano. De ahí la importancia de entender que este enfoque no pretende aislar estas necesidades para solucionar sus problemas concretos, sino entender sus necesidades para poder integrarlas dentro de las diferentes variables consideradas en todo proceso de diseño y con ello lograr resultados capaces de responder a todos, o al mayor número de individuos posible.

Por todo lo expuesto anteriormente, la investigación iniciada a través del citado Máster en accesibilidad y su correspondiente Trabajo Fin de Máster, aquí sintetizado, está relacionado con las personas de edad avanzada. No sólo se pretende olvidar parcialmente el término discapacidad, sino dirigirse a un colectivo social asumido y aceptado por todos, siendo un sector poblacional especialmente propenso a la diversidad funcional, incluyendo gran cantidad de necesidades específicas diferentes.

De este modo, el objetivo se centró en la tipología residencial estadounidense denominada como CCRC o Continuing Care Retirement Community, estableciendo un contexto detallado del sector residencial para ancianos de este país. En palabras del urbanista Scott Ball (BALL, Scott), las CCRCs serían el resultado de la evolución dentro del ámbito del senior housing y una oportunidad para lograr la ansiada transición desde el concepto médico de hospital hacia una tipología más hogareña y cercana, capaz de resolver las carencias detectadas y eliminar la barrera existente entre los centros para ancianos y la propia ciudad.

En este sentido, más allá de opiniones o puntos de vista diversos, se considera de gran importancia que el Diseño Universal invada estos centros dedicados al cuidado de personas en los últimos años de su vida, siendo así capaces de dar respuesta a sus necesidades presentes y futuras, en un entorno no discriminatorio y capacitado para ofrecer unas condiciones de vida de la máxima calidad.

Ante este panorama tan complejo como evidente, no cabe duda que el estudio de viviendas para la cuarta edad se convierte en una temática fundamental dentro del sector inmobiliario y arquitectónico actual, en busca de la ansiada vivienda para toda la vida.


Como muestra de estudio, el citado documento se centró en tres de los principales estados del país, Nueva York, California y Florida; no sólo por su ubicación geográfica en un recorrido intencionado por ambas costas, sino porque acogen tres de las principales ciudades en cuanto a reclamos turísticos se refiere; en definitiva, tres climas, culturas y áreas bien diferenciadas, dentro del triángulo estratégico Nueva York-Los Ángeles-Miami.


1.1. Estado del Arte

Según establece la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 2000 y 2050, la proporción de población mundial con más de sesenta años de edad se duplicará, lo que supone un aumento considerable desde los 605 millones de personas de 60 años o más, hasta los 2000 millones, en ese mismo periodo. En lo relativo a personas de ochenta años o más, su número se cuadriplicará en el mencionado periodo, alcanzando cerca de 400 millones de personas.

En este sentido, el diseño cobra especial importancia, no sólo ante la posibilidad de prever escenarios funcionales futuros, sino lograr disminuir las barreras o elementos discapacitantes dentro de su entorno más inmediato.

De hecho, a juzgar por el listado facilitado por CARF International de servicios destinados a personas de edad avanzada, la situación actual de Estados Unidos presenta un entorno empresarial que ha avanzado rápidamente hacia una oferta muy diversa dentro del ámbito de los cuidados continuos para las personas de más de sesenta años.

Sin embargo, este documento se centra exclusivamente en la investigación de los pormenores de una tipología muy concreta, por tratarse de un modelo más preventivo y que en consonancia con el desarrollo vital de sus usuarios, se adapta a las necesidades que estos demandan en cada momento. Por todo ello, es considerado un modelo complejo pero que podría sentar las bases de la vivienda para la cuarta edad, como modelo residencial capaz de envejecer con sus inquilinos.

Según establece el Gobierno de Estados Unidos (GAO, 2010; SANDERS, Jacquelyn. 1997) el número de CCRCs existente en 1997 rondaba los 1.200 centros, dando servicio a 350.000 residentes aproximadamente. Tan sólo siete años antes, se estimaba un total de 800 centros, lo cual confirma su proliferación por todo el país, hasta alcanzar las 1.861 CCRCs existentes en julio de 2009.


1.2. Diseño Universal como referente

Continuando con este enfoque, el arquitecto Edward Steinfeld (STEINFELD, Edward) defiende  la oportunidad surgida con las CCRCs para introducir el Diseño Universal en este sector, ante el riesgo de que el aislamiento de estos centros derive en un nuevo modo de segregación social. En su opinión, la tendencia demográfica hacia el envejecimiento poblacional debería derivar en una mayor atención al diseño para los ancianos o “design for aging”, analizando las estructuras urbanas existentes para que sean capaces de responder a la maduración de la sociedad.

Una de las claves para ello será el análisis de la relación establecida entre este modelo y las personas con diversidad funcional. En el lado más crítico del sector, encontramos a Lilliane L. Hyatt (HYATT, L. Lilliane) quien cuestiona si los discapacitados son bienvenidos en las CCRCs, en base a las conclusiones obtenidas de su propia experiencia. Los aspectos negativos mencionados de cara a su integración social afectan al diseño, al trato por parte del personal o a la propia gestión de los centros; teniendo en cuenta que se trata de un servicio destinado a personas que residirán allí para el resto de sus vidas, con lo que ello supone en cuanto a la probabilidad de contar con alguna discapacidad futura, ya sea transitoria o permanente.

Por todo ello, este documento se centró en el estudio de las CCRCs por lo valioso del proceso de investigación que supone de cara a futuras estructuras urbanas más eficientes y avanzadas socialmente, más allá de ser considerado como un modelo definitivo.


2. Materiales y Métodos

En el grueso de la investigación cabe destacar que la mayoría de textos analizados se corresponden con fuentes secundarias, la mayoría obtenidas de Internet. Consciente del riesgo existente en la red en cuanto a su dudosa veracidad, se optó por la ratificación de fuentes secundarias diversas y, en lo posible, el acceso a fuentes primarias de interés.

Así, se han logrado analizar gran variedad de documentos considerados de primera mano, al ser elaborados como Informes de Asambleas, Estudios Gubernamentales o Declaraciones Oficiales, en un gran esfuerzo por evitar barreras idiomáticas o interpretaciones de otros profesionales.

Otra de las referencias empleadas no es otra que el propio sitio web de la instalación residencial en cuestión, analizada siempre desde la prudencia evidente que requieren este tipo de manifestaciones comerciales. Por todo ello, y desde la honradez propia de un investigador novel, se recurrió a las referencias bibliográficas con el fin de establecer un documento serio, productivo y coherente.

Cada uno de los tres Estados seleccionados ha sido analizado en base a tres criterios fundamentales: el ámbito de estudio y sus características principales, las políticas accesibles más relevantes vinculadas al bienestar de las personas de edad avanzada, y la oferta existente de centros tipo CCRC conforme a fuentes oficiales o de reconocido prestigio.

Entendido el alcance de dicho estudio, han sido seleccionados varios sitios web entre todos los existentes, en función de su interés en materia de accesibilidad universal arquitectónica. Los mencionados ejemplos han sido analizados en mayor profundidad con el fin de detectar su grado de concienciación y sensibilidad con el Diseño Universal y los posibles avances generados en tal sentido, avances de cara a la definición de la vivienda accesible para la cuarta edad. Como arquitecto, una de las principales variables tenidas en cuenta ha sido el entendimiento de la planimetría aportada y su correspondencia con las imágenes del lugar.

De este modo, el proceso de obtención de datos e información sobre la industria de CCRCs se ha basado en un método de tipo deductivo a partir del cual transitar desde lo general a lo particular hasta entender las características específicas de cada centro. Por su parte, el capítulo dedicado a los resultados obtenidos y su posterior discusión, se ha elaborado a través de un método más bien inductivo, donde invertir el proceso analítico y recorrer las conclusiones desde lo particular a lo general, no sólo para reforzar el mensaje comunicado sino para obtener propuestas que pudieran ser trasladadas a cualquier otro ámbito de la arquitectura.


3. Resultados

La ciudad de Nueva York, no es un referente en cuanto a CCRCs se refiere, puesto que se trata de un área urbana demasiado densa para ofrecer las amplias superficies de parcela necesarias para desarrollar un centro residencial de este tipo. Además, el caso ha resultado ser aún más complejo, ante la excesiva carga burocrática estatal y un marco legal de aplicación demasiado exigente y restrictivo.

Por todo ello, esta gran “capital mundial” representa un emblema dentro del panorama de las CCRCs, como referente de la implantación en las afueras de las grandes ciudades, pudiendo incluso implicar el cambio de estado debido a una feroz competencia comercial basada en las diferencias legales. Como aspecto positivo, destacar una iniciativa estatal enfocada a la mejora y adaptación de las ciudades, entendiendo la importancia de diseñarlas más habitables y beneficiosas para todos los ciudadanos.

El ejemplo de Los Angeles es bien distinto. El número de CCRCs detectadas es mucho mayor, fruto de un clima más favorable y una industria muy desarrollada en la que la competencia deriva en múltiples alternativas y el consiguiente grado de especialización necesario para poder destacar.

El estado de California se caracteriza por un escenario en el cual destacan una serie de empresas multipropietarias, quienes imprimen una filosofía concreta a un número amplio de centros repartidos por todo el territorio, erigiéndose en dominadores del panorama global. La arquitectura específica de esta ciudad, mucho menos densa, permite un modelo mixto en el cual es posible acercarse a los núcleos urbanos mediante instalaciones amplias pero no tan extensivas en superficie, logrando adaptarse a las parcelas y desarrollos locales.

Es importante destacar la ley estatal generada para garantizar la inclusión del Diseño Universal dentro del parque inmobiliario presente y futuro. Este gran avance supone la integración de estos principios a nivel global y una implantación destinada a personas mayores, entre otras, sin recurrir en exclusiva a las personas con diversidad funcional.

El caso de Miami recuerda al de Los Angeles, en cuanto a la abundancia de centros repartidos por todo el territorio estatal, con predominancia de empresas multipropietarias. Sin embargo, el distrito de Miami-Dade se asemeja más con Nueva York, ya que sólo ofrece dos centros a sus residentes, teniendo en cuenta una población que ronda los 2,5 millones de personas.

Es de agradecer que el Estado fomenta la prestación de servicios sanitarios en el hogar, de cara a una adaptación habitable de las ciudades, permitiendo así a todos los ciudadanos envejecer en el lugar que deseen hacerlo, independientemente de sus capacidades o diversidad funcional. Pero, sin duda, uno de los aspectos más interesantes del Estado de Florida, es la CCRC generada por la Universidad, abriendo las puertas hacia una aproximación de corte investigador.



4. Discusión

Si se observa la tabla de resultados aportada, uno de los primeros aspectos a tener en cuenta es el bajo nivel que presentan los sitios web analizados. Más allá de las posibles carencias en materia de accesibilidad, lo más relevante es la dificultad de navegación que evidencian muchas de ellas, lo cual repercute negativamente en el colectivo de usuarios potenciales, más agraviado conforme mayor sea la brecha tecnológica existente.

En este sentido el nivel de compromiso con la diversidad funcional es bastante escasa. Tan sólo una de las diez CCRCs analizadas, aprovecha el sitio web para mostrar una imagen cercana y real de sus residentes, independientemente de sus capacidades. Hablar de personas de edad avanzada es hablar de diversidad funcional. Todo lo que no se genere en tal dirección, supone una estrategia comercial forzada y carente de sentido.

El material planimétrico de los centros, ha supuesto uno de los aspectos claves a analizar, dado el enfoque arquitectónico de este estudio de accesibilidad y ante la escasez de imágenes o materiales gráficos alternativos. La falta de planimetría en muchos centros, incluido uno de los seleccionados, se complementa además con la escasa calidad de aquellos existentes. Del mismo modo, el tipo de representación aporta una idea clara acerca del compromiso adquirido en innovación, lo cual evidencia la escasa importancia que se le otorga a este recurso, puesto que son casi inexistentes los ejemplos que se han alejado de planos austeros y deliberadamente poco comunicativos.

La planimetría es una herramienta empleada para conseguir un fin, representar una realidad existente del modo más sencillo, intuitivo y eficaz posible. Desgraciadamente no todo el mundo está familiarizado con este método de representación o cuenta con la habilidad necesaria para saber interpretarlo. Es por esto, que los esfuerzos comerciales deberían ir destinados hacia la erradicación de estos riesgos, con el fin de optimizar la transmisión del mensaje.

Asimismo esta información evidencia la inexistencia de referencias en materia de diseño universal. No contar con soluciones básicas como las barras de apoyo, radios de giro mínimos, instalaciones domóticas, o cualquier otro aspecto enfocado al bienestar del usuario, genera serias dudas acerca de su viabilidad entre personas de la tercera y cuarta edad. Abandonar la residencia o vecindario original, debería estar justificado en base a mejoras indiscutibles en las condiciones residenciales que rodean al usuario.

Un modelo residencial especializado en personas de edad avanzada, debería ser entendido como la vanguardia en materia accesible sanitaria y arquitectónica, a emplear por los gestores de las ciudades, como ejemplo a seguir para la adaptación progresiva de nuestro entorno urbano.

En lo relativo a las ciudades analizadas:

New York City es entendida como “la ciudad de las ausencias”, las cuales deben ser entendidas como oportunidades de mejorar la ciudad en materia de Diseño Universal, nunca como vacíos irremediables. Esto la convierte en un ejemplo perfecto para analizar el papel de las CCRCs en las grandes ciudades y generar así nuevos modelos capaces de adaptarse y dar solución a los ciudadanos de este tipo de urbe.

Los Angeles se corresponde con “la ciudad de las oportunidades”, fruto de una industria de CCRCs muy desarrollada y exitosa donde la gran variedad de ofertas y la diversidad en la demanda, combinado con la competencia, debería derivar en una mayor especialización y, por tanto, en nuevas opciones mejoradas y más accesibles, donde el Diseño Universal fuese entendido como principal seña de calidad.

Miami, por su parte, representa “la ciudad como laboratorio”, gracias a la intervención de la universidad, la implantación del CCAH (Continuing Care At Home) entendido como la prestación de servicios sanitarios fuera del recinto del centro, así como las ausencias detectadas en el entorno urbano de Miami. Por tanto, las condiciones favorables del entorno, la diversidad de la demanda y la oferta existente, erigen a Miami como el laboratorio idóneo, en el cual investigar y avanzar en el desarrollo de una industria más accesible de cara a la implantación de estas mejoras en una ciudad universalmente diseñada. Un marco ejemplar en el cual innovar en materia de viviendas para la cuarta edad.

En definitiva este documento de investigación evidencia que, pese a que la CCRC se erige como laboratorio de estudio muy interesante y valioso, la flexibilidad de la CCRC es tan sólo sanitaria, no aún arquitectónica. Es por ello que el papel de las universidades se considera fundamental, puesto que podría magnificar el potencial de esta industria desde una aproximación holística e innovadora.

Entender la diversidad de la población, supone estudiar igualmente su diversidad cultural dentro de la muestra de estudio, especialmente en grandes ciudades donde este fenómeno cobra mayor importancia. Este hecho provoca diferentes maneras de vivir la ciudad, así como diferentes formas de entender el concepto de hogar.

Para la consecución de estos objetivos es primordial concienciar a los gremios profesionales implicados en el diseño de entornos urbanos para lograr una oferta más accesible. Del mismo modo, la exigencia ciudadana es un factor decisivo de cara a la demanda de diseños de calidad en materia de diseño universal.

Del mismo modo, la terminología actual en materia de accesibilidad, algo obsoleta, necesita evolucionar para deshacerse de los prejuicios sociales. Al fin y al cabo, este estudio demuestra que la arquitectura continúa discriminando a través de entornos mal diseñados. La arquitectura debe dejar de ser un lastre para convertirse en un activo, especialmente en un colectivo como el de edad avanzada. En ese momento, podremos decir que se ha alcanzado la vivienda “habitable” para la cuarta edad.

Entender estos principios básicos del diseño ayudará a extrapolar estas mejoras desde el sector residencial al conjunto de la arquitectura, en beneficio del bienestar ciudadano, fin último de esta profesión.

Por una arquitectura más habitable, más humana; en definitiva, una arquitectura universal.



Referencias bibliográficas

- The EIDD Stockholm Declaration. At the Annual General Meeting of the European Institute for Design and Disability in Stockholm, 2004.

- SMITH, Jacqui. The Fourth Age: A Period of Psychological Mortality?. Berlín, 2000.

- OMS, Tendencias demográficas. http://www.who.int/en/

- CARF International. 2014 CARF–CCAC Program Descriptions.

- GAO, United States Government Accountability Office. Report to the Chairman, Special Committee on Aging, U.S. Senate. Older Americans. Continuing Care Retirement Communities Can Provide Benefits, but Not Without Some Risk, 2010.

- SANDERS, Jacquelyn. Continuing Care Retirement Rommunities: a background and summary of current issues. U.S. Department of Health and Human Services, 1997.

- BALL, Scott. Evolution in Senior Housing. American Architectural Foundation. http://www.archfoundation.org/2013/02/evolution-in-senior-housing-2/

- STEINFELD, Edward. Time to Think Differently. American Architectural Foundation. http://www.archfoundation.org/2013/02/time-to-think-differently/

- HYATT, Lillian L. Are Disabled Seniors Welcome in CCRCs? Where Does the Deception Begin? Some Clues to Help You Decide. http://c.ymcdn.com/sites/www.naswca.org/resource/resmgr/imported/hyatt0710.pdf

- FERNÁNDEZ, Álvaro. La industria de CCRCs en Estados Unidos. Hacia la vivienda accesible para la cuarta edad. Trabajo Final del Máster en Accesibilidad Universal de la Universidad de Jaén, 2014.


lunes, 8 de febrero de 2016

La herencia de lo absurdo

¡Qué importante es el valor de lo heredado! Y no, no me refiero a la sabiduría popular, las tradiciones, y esas cosas. No. Me refiero a lo que cuestan las herencias. Sin más.

Imagino que después de esto, no les será difícil entender el motivo de este conjunto de palabras sin sentido. Seguro que conocerán a alguien que haya pasado por esta triste experiencia, si no lo han hecho directamente en primera persona. Lejos de la imagen transmitida por el cine en cuanto a lo afortunado y soñado de este sorpresivo regalo, la realidad dista mucho de ser siquiera agradable.
Para empezar, no es que yo sepa mucho de esto, pero cuando uno llega a ser consciente de esta situación suele venir de una lamentable pérdida familiar. Sea cuales fueran los motivos, una pérdida así suele ser algo que lamentar. Bueno vale, los habrá que no estén de acuerdo, pero diré que estas palabras no van dirigidas a ellos, pues ya tienen bastante con lo que tienen, ¿no creéis? Pues eso.

Volviendo a donde estábamos, toda herencia tiende a venir precedida por el fallecimiento de algún ser querido. Momento en el cual, como daños colaterales inevitables, empiezan a invadirnos un sinfín de decisiones que afrontar, todo ello probablemente en uno de los peores momentos vitales posibles. Cuando mayor es la pena o la tristeza, el mundo te requiere para tramitar una infinidad de papeles, trámites y demás acontecimientos que no queda otra que afrontar. Y por si esto fuera poco, cuando ya crees que has logrado el silencio y reposo necesario para llevar a cabo un duelo acorde a las circunstancias, el Estado, nuestro Estado, decide acordarse de ti para enviarte una sentida carta en la cual recordarte tu irremediable realidad y, metiendo el dedo en la llaga, solicitar el pago de los impuestos derivados de la herencia que hayas podido recibir.

Pues sí amigos, así es la cosa. El Estado, supuesto representante de sus ciudadanos, se hace cargo de la situación para ayudarte, o no. Me da a mí que más bien lo hace para poner la mano y esperar a que sus queridos conciudadanos hagan la correspondiente aportación para seguir adelante. Pero claro, qué sabré yo. Al fin y al cabo, ¿qué psicólogo que se precie no recomienda a su paciente que derroche alegremente su dinero para superar la pérdida de un familiar? Pues eso. Nuestro Estado haciendo gala de su envidiable objetividad se erige en salvador de nuestros sentimientos para deleitarnos con una nueva factura. El pago por la adquisición de un bien no adquirido. Cobrar por lo ya pagado. Una auténtica genialidad, no me lo podéis negar. Aprovecharse del sueño de una persona moribunda que en su lecho de muerte decide agasajar a sus seres más queridos con lo poco o mucho que haya podido generar a lo largo de su vida. Un último deseo que se torna en marrón. Sí señores. Lo que empieza como una reacción coherente y sincera, se convierte previo paso por el filtro estatal, en una deuda en muchos casos inabarcable. Pero no os preocupéis, si este fuera el caso, nuestro respetadísimo Estado vuelve al rescate, ofreciéndose para adquirir el mencionado inmueble a coste cero. ¡Qué noble por su parte!

Resulta que lo que genera un impuesto por pasar a manos de un familiar conforme al deseo explícito de su poseedor, deja de tener dicho valor en caso de que el destinatario no pueda afrontar la deuda recién inventada. Sí. Sin más, pasa a formar parte del patrimonio de este nuestro Estado. Y digo yo, ¿cómo es eso? ¿Cómo se puede imponer una deuda a unos y desaparecer cuando se vuelve hacia ellos mismos? ¿Acaso el Estado no era el conjunto de los ciudadanos? ¿No nos han dicho siempre que el Estado somos todos? Se ve que no. Ya decía yo que no tengo ni idea de nada. ¿Pues no pensaba tirar de sentido común para entender las cosas? Qué cosas tengo. Afortunadamente, resulta que este Estado es el mejor ejemplo posible de sinergia, pues el conjunto de sus individuos es mucho más que la suma de los mismos. Curioso. Deberíamos llamar a este Estado Sinergia. Además que tiene gancho, ¿verdad? Igual el gentilicio sería algo extraño pero por lo menos se podría escribir con cualquier teclado internacional sin sonar absurdo.

Pero claro, visto así, lo primero que se me ocurre es, ¿y si al morir se pudiera heredar al Estado? Igual así lo que haríamos sería trasladar la deuda al Estado y en caso de que no les interese pues permitirles saldar su deuda con el propio inmueble. No me digáis que no sería divertido y paradójico que el Estado que no defiende a sus ciudadanos frente al poder de los bancos, aceptase la controvertida dación en pago con alguien más que ellos mismos. Sería peculiar e inquietante, cuanto menos. Pero, siendo pragmático, esta sería la solución perfecta al problema. El fallecido cede sus bienes a sus seres queridos, nadie ha de pagar por ello y encima hasta se puede uno permitir el lujo de llorar a su familiar. Qué espectáculo. Lo que hace pensar a veces. Eso sí, seguro que saldría algún desinteresado conciudadano defendiendo la cuadratura del círculo en beneficio propio, con el potente argumento de que por qué debería el Estado pagar por algo que no ha pedido, como si el pobre protagonista de nuestra historia hubiese pedido en algún momento que su familiar falleciese. Hay que ver lo que hay que oír.

Es más, podría darse el caso de que el Estado estuviese interesado en el inmueble. No os preocupéis, lo tengo todo pensado. En ese caso, el Estado tan sólo debería abonar los impuestos derivados del valor tasado para el inmueble. Tasado por quién, os preguntaréis. Pues por quién va a ser, por nosotros. ¿No es así como lo hacen ellos? Pues entonces será que vale hacerlo así. De este modo, el moribundo puede dejar en herencia su bien al Estado, poniéndole el valor que considere, y generando automáticamente una deuda cuantiosa en el Estado, quien deberá abonar a su persona o en caso de fallecimiento, a sus familiares cercanos. Una obra maestra.

Pero no sé por qué me da que el Estado no permitiría algo así. Dirían que igual nos creemos que somos como ellos. Qué error. De hecho, esta posibilidad ya está más que resuelta, pues nuestro Estado ha generado una más de sus leyes en aras de proteger a sus ciudadanos, estableciendo por defecto la herencia familiar. Qué considerados.

Y yo me pregunto, ¿para qué están las leyes si no? Como no podía ser de otro modo, las leyes resulta que están para controlar que los delincuentes a quienes sirven no se excedan en el ejercicio de sus labores. ¿Ah no? Yo diría que sí. ¿Por qué si no iban a cobrar a la gente por beneficios que no han obtenido, por cobros que no han recibido o por bienes que no han solicitado? Imagino que la única explicación a todo esto debe ser eso que denominan la presunción de inocencia. Supongo que se refieren a que sólo el magnífico Estado es merecedor de tal trato, mientras sus súbditos ciudadanos debemos conformarnos con la irremediable presunción de culpabilidad. Claro, eso va a ser. Por eso me obligan a tener diferentes seguros para todo, me toca pagar incluso por deudas que tienen adquiridas conmigo y demás. Ahora lo empiezo a entender todo un poco mejor. Va a ser eso que dicen de la herencia, pero en este caso de la buena, la genética. Y todo lo que me atormenta en mi día a día no es más que un merecido castigo por no saber estar a la altura de lo que se espera de mí.
Es que también yo, vaya tela. Las cosas que se me ocurren. Mira que pagar todos mis impuestos, no aceptar los sobres más que para la correspondencia, no robar nada de nadie, ni emplear mis influencias para beneficiar a los míos en detrimento del resto más cualificado. Desde luego me lo merezco. No tengo perdón, es normal que me castiguen así. Desde hoy en adelante no me pienso quejar más, pues por fin acabo de entender que no puede ser de otro modo.

Espera un momento, si no me equivoco, eso de quejarse también pertenece a la mencionada herencia genética que nos atribuyen. Estoy confuso, lo siento. Hay que ver la mala suerte que he tenido de nacer en un Estado tan complejo. ¡Ah no! Perdón. Qué mala suerte haber nacido en esta Comunidad Autónoma, en concreto. Porque encima, no todos los ciudadanos son tratados por igual. No. Depende de donde hayas nacido. Entonces, ¿ahora qué? ¿Cómo lo hacemos?

Por lo pronto, empezaré por quejarme, pero sólo en público y con la boca pequeña, así conseguiré

estar a la altura social de lo que se espera de mí, y cuando disfrute de una segura soledad, podré gozar con la satisfacción de saber que no tengo nada por lo que quejarme, pues me lo merezco. Sí señor. Por fin. Por fin voy a convertirme en un miembro de provecho de esta sociedad. Es más, igual con el tiempo hasta puede que me acostumbre a eso de defraudar o incluso robar sin que me tiemble siquiera el pulso.

Además estoy en racha. El tema de lo del inmueble a heredar. Lo tengo. Problema resuelto.
Lo mejor para estos casos va a ser prenderle fuego al inmueble. Así no hay nada por lo que pelearse. Ningún valor por el que endeudarse, ni ningún interesado en reclamar por ello. Una auténtica genialidad. Aunque, espera un momento. No sé por qué me da que no va a ser tan sencillo. Probablemente, en este caso, el Estado acudiría al rescate, estableciendo como base imponible de sus impuestos, la correspondiente indemnización que el propietario difunto podría llegar a recibir por parte del seguro de su vivienda. Independientemente de la más que probable negación que obtendrá por respuesta de cualquiera de estas entidades. Sea como fuere, volvemos a estar tan atrapados como al principio. Uff, esto es agotador.

¿Sabéis qué? Me da a mí que no os queda otra que prenderle fuego a la vivienda, pero eso sí, sin olvidar hacerlo con cara de tornado o cualquier otro desastre natural que se os ocurra. Sólo así, lograremos que nadie se acuerde de nosotros y que podamos simplemente ser felices pudiendo permitirnos el lujo de entristecer cuando la vida así nos lo demande y nos apetezca.
Desde luego, si algo me queda claro por lo menos, es la razón por la que todo el mundo se pelea ahora por constituirse en Estado. Si es que eso de llamarse Estado debe ser un chollo, ¿no? Pues eso.

Fdo. El que teclea, quien supuestamente, ha sido considerado como presunto autor del presente escrito.

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Este artículo se trata de un ejercicio de ficción, cualquier parecido con la realidad deberá ser accidental.
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Antes de imprimir este escrito, por favor, compruebe la necesidad de hacerlo y piense en su responsabilidad con la naturaleza. Recuerde que la fabricación de papel implica un enorme consumo de agua y la tala de gran cantidad de árboles. El Medio Ambiente es cuestión de TODOS (no se incluye al Estado, por supuesto, que podrá aprobar el uso de zonas calcinadas y despobladas de vegetación con fines inmobiliarios, al mismo tiempo que exigir repoblar medio Amazonas si alguien necesita retirar un árbol en riesgo de caída o patología considerable en su vivienda).


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lunes, 4 de mayo de 2015

La vivienda unifamiliar, frente a la familia “univivienda”

A raíz del debate generado la pasada semana en redes sociales, me gustaría retomar este aspecto tan importante de la arquitectura actual. La vivienda familiar, entendida como máximo referente del concepto de hogar en nuestra sociedad, se ha convertido en una inversión casi obligada, asociada a la idea del bienestar, y condicionada a toda una vida de sacrificios económicos.

Sin embargo, esta longevidad derivada de la exagerada cuantía en que se valoran, contrasta enormemente con el núcleo familiar que caracteriza nuestra sociedad. Un ente tan cambiante como este, requiere en principio un espacio lo más flexible posible para permitir adaptarnos a dichas demandas variables.

Tradicionalmente, la vivienda ha sido y, probablemente será, un bien muy codiciado. La inversión inmobiliaria ha marcado una etapa en nuestro país, hasta el punto de lograr que los precios alcanzaran cotas insospechadas, fruto de una lamentable e insostenible especulación. Más allá de centrar el debate en la ética económica, si es que esta existe, considero más interesante concentrarnos en la parte más arquitectónica de este conflicto. Partimos de una base indudable, una vivienda es una necesidad inalienable del ser humano, por no decir un auténtico derecho. Dicho esto, ¿quién nos impuso que este derecho tuviese que hacerse realidad a través de la fórmula de la propiedad? ¿En qué momento se descartó la opción del alquiler? ¿Cuándo se planteó que la vivienda debía ser un bien a conservar toda la vida?

Estas preguntas tan retóricas y complejas, esconden tras de sí un mismo planteamiento profesional: la vivienda surge a partir de las necesidades funcionales de las personas. Nuestra sociedad se organiza en base a núcleos familiares, quienes por lógica tienden a cohabitar bajo un mismo techo, siempre que la economía y las circunstancias particulares lo permiten. Más allá de esta máxima indiscutible, me da pena descubrir cómo hemos silenciado el posible debate hasta el punto de asumir como única opción a barajar, la actual. Comprar una vivienda, nuestra única vivienda.

Pues bien, como profesional, no puedo sino poner en crisis esta afirmación. Pues siendo pragmático, lo primero que me veo obligado a analizar es la idiosincrasia del núcleo familiar que nos caracteriza. La evolución más común hoy día, parte de un núcleo habitacional donde nuestros padres nos crían y educan para que podamos, llegado el momento, crear nuestro propio camino. Este salto personal, se suele materializar cuando finalizada la formación y encontrada una cierta estabilidad económica, nuestra inevitable ansiedad por abandonar la vivienda familiar y emanciparnos junto a nuestra nueva familia, nos sitúa irremediablemente frente a nuestra primera gran decisión. ¿Dónde y cómo vivir?

Por lo general, es en este momento cuando el alquiler hace su aparición en nuestras vidas como alternativa factible a una necesidad imposible de afrontar. De este modo transcurren los años, mientras nuestros esfuerzos y preocupaciones giran en cierto modo en torno a la posibilidad de adquirir un inmueble propio en el cual formalizar una familia. Hitos como la boda o el nacimiento de un hijo suelen ser los detonantes más frecuente para que las precarias familias se acaben adentrando en esta nueva etapa. Hipotecas a cuarenta o cincuenta años se erigen en las grandes salvadoras de nuestra existencia al permitirnos disfrutar al fin de nuestro ansiado tesoro.

Sin embargo, y lejos de alimentar debate alguno acerca del sector bancario de nuestro país, me permito el lujo de analizar objetivamente esta arriesgada inversión. Como jóvenes recién independizados y en situación inestable, no podemos evitar ser coherentes y realistas, adquiriendo un inmueble humilde y acorde a una realidad indiscutible, así como una previsión de futuro estándar. Esto nos lleva directamente hacia una vivienda de entre dos y tres dormitorios, en un barrio cercano a aquello conocido, nuestro trabajo actual o una zona de reciente expansión y precios aún por expandir. Hasta aquí todo normal. Pero ha llegado el momento de preguntarnos más allá. ¿Es posible que esa vivienda adquirida con escasos treinta años, pueda darnos un servicio apropiado durante más de diez o quince años? Mi respuesta es, sin duda, que no. Me explico. Los diez primeros años, deberían estar caracterizados por el aumento de la familia mediante la llegada de niños a la pareja original. Independientemente del número que considere cada familia como límite, los primeros años son relativamente fáciles de resolver con poco espacio, pues la infancia nos permite aún compartir espacios. Pese a todo, hay una regla fundamental, conforme mayor sea un espacio, mayor será el material que almacenaremos en él. Esto quiere decir, que una vivienda de tres dormitorios para una pareja joven, puede resultar excesiva, sin embargo, dado que la tenemos ahí, acabamos adaptándonos a esta realidad a base de ocupar más espacio. En otras palabras, nos malacostumbramos gracias a la amplitud de nuestra gran adquisición. Desde el momento en que esa pareja incorpora un nuevo inquilino a sus vidas, se ve obligada a renunciar a alguna de sus caprichosas mejoras. Según en qué casos, este cambio puede resultar incluso sencillo. No obstante, el paso del tiempo no hace sino empeorar una situación que ya surge lastrada. Mientras más se expanda la familia, o sus miembros, más pequeño e inapropiado resultará el espacio habitable seleccionado. Una vivienda que podría ser considerada como demasiado grande originalmente, llegará inevitablemente a un punto de inflexión en el cual la consideremos demasiado pequeña.

Afortunadamente, toda duda surgida en torno a nuestro hogar es fácilmente acallada ante la evidencia. El periodo vital transcurre mucho más rápido que el avance económico asociado a él. Por ello, nos veremos obligados a adaptarnos a la vivienda que compramos en su día. Segunda vez en que nos malacostumbramos. Una vez más, es la familia la que se adapta a la vivienda y no al revés. Este planteamiento, tan común, arquitectónicamente hablando se trata de una aberración anti-natura, equiparable a que fuese el vehículo propio el que nos dijera a dónde y cuándo ir.

No contentos con esta gráfica tan negativa, la vida nos sorprende con un nuevo y feliz punto de inflexión en nuestras vidas. Nuestros hijos, por una razón o por otra, deciden que ha llegado su momento de volar y encontrar sus propias oportunidades. De este modo, casi sin darnos cuenta, aparece ante nosotros un problema denominado como síndrome del nido vacío. Arquitectónicamente sería traducido como que la familia se ve reducida drásticamente, lo cual desemboca en una nueva adaptación espacial que tiende a aprovechar los espacios anteriormente destinados a los hijos. Una sutil y silenciosa reconquista en la que nos apropiamos nuevamente de aquellos lujosos espacios a los que debimos renunciar en su momento, pero sin hacerlo abiertamente, pues el cariño hacia nuestros hijos y la eterna esperanza de que vuelvan nos impide realizar una reforma integral. Tercer gran error.

Por si todo esto fuera poco, ahora nos encontramos ante una nueva realidad, aún más cruel si cabe. Nuestros hijos, ahogados por la crisis, acaban retrocediendo hasta desembocar nuevamente en la vivienda de sus padres que un día abandonaron. Es entonces cuando se encuentran espacios anclados en un pasado casi olvidado, donde la falta de decisión tiende a mostrar una impersonalidad preocupante. Todo ello acrecentado ante las nuevas necesidades evidentes que acompañan a este adulto obligado a vivir en un contexto de tipo adolescente. Este problema podría ser aparentemente fácil de resolver, pero no hay que olvidar que una de las causas más probables a tal despropósito es la escasez económica. Por tanto, afrontar una reforma, por pequeña que sea, no parece del todo aconsejable. Una vez más, la vivienda se erige en monolito infranqueable, condicionando a sus usuarios. Cuarto error.

Como toda etapa vital, tiene un inicio y un final. Llegará el momento de que se inviertan las tornas y los hijos retomen su camino original. Segundo asalto de un combate ya conocido. Eso sí, ahora las dudas propias de todo padre, ya no son infundadas, sino más bien sufridas, confirmadas y repetibles. Quinto error.

El ocaso de nuestras vidas, suele estar condicionado a una pérdida inevitable de facultades, que salvo rarísimas excepciones, habrá sido difícilmente prevista por aquella pobre y precaria “parejita” que invirtió toda su ilusión en la vivienda de sus sueños. Nuestras necesidades, nos hablan ahora de espacios pequeños pero muy funcionales, donde las distancias se acortan y las prioridades se invierten. Cada metro cuadrado de más se traduce en un dinero del cual ya no disponemos, ni podemos generar. Las reformas, ya no dependen de nosotros, sino de nuestros hijos. Las mejoras de accesibilidad pueden llegar a ser inviables, muy costosas o incluso desconocidas. La limpieza, un arduo trabajo difícil de abarcar. Sexto error.

Ante lo cual surgen dos opciones: por un lado que alguno de los hijos se traslade a la vivienda familiar para cuidar de sus padres (auténtico paradigma del despropósito arquitectónico), por otro lado, encontramos la alternativa de la residencia para ancianos. Un gasto extra, a sumar a la hipoteca de esa antigua e inútil vivienda que ninguno de los hijos quiere. Pese a todo, hay que terminar de pagarla. Así que habrá que duplicar los gastos. Séptimo error.

Por último, y en la peor de las circunstancias (desgraciadamente inevitable) los padres encuentran el fin a sus vidas, dejando en herencia a sus hijos el inmueble originalmente adquirido. Esto conlleva unos gastos por transmisión y plusvalías que se traducen en volver a pagar por un inmueble que probablemente no llegue a tener algún valor inmobiliario para esa familia, y lo que es peor, en raras ocasiones se plantea como alternativa para quienes ya han comenzado su propio camino a través de una maravillosa vivienda recién adquirida. Octavo error.

Pero bueno, esta vez sí, esta vez será diferente. No cometeremos el mismo error. Nosotros vamos a elegir mejor que ellos. Haremos todo lo posible para vender en diez años y mudarnos a una vivienda mejor. Noveno error. Las crisis son tan cíclicas como imprevisibles. No siempre se encuentra el momento idóneo para vender sin perder dinero. Además, si es buen momento para vender es que es mal momento para comprar. Lo cual nos lleva a la imposibilidad del cambio.

Con todo ello, cometo el último y definitivo error, pretender cambiar las cosas desde mi humilde opinión. ¿Quién soy yo para decirle a nadie lo que debe hacer? Si deben equivocarse o no. Si quieren vivir en una vivienda o en otra. Décimo error.

Confío en que sean la excepción que confirma toda regla y encuentren la solución arquitectónica más apropiada o el bienestar económico necesario para acometer las reformas que podrían acallar las deficiencias asociadas a cada una de estas etapas, pues independientemente de la decisión que nos acompañe, algo debemos tener claro, la arquitectura es tan sólo una herramienta a través de la cual encontrar la habitación que mejor se adapte a nosotros, nunca al revés. Todo lo que se aleje de este principio, deberá ser entendido como una situación de emergencia inevitable.

Es por ello que todos y cada uno de los mal denominados errores, podrían ser protagonistas exclusivos de un artículo crítico elaborado, y deberán ser objeto de estudio por nuestro sector como ámbitos de oportunidad de mejora. De hecho, será a lo largo de los próximos post cuando se desarrollen estos interesantes aspectos en detalle. Sea como fuere, más allá de lo acertado o no de la realidad, no cabe duda que la arquitectura debe hacerse cargo de estas nuevas circunstancias que la rodean y afrontar las nuevas problemáticas con decisión. La buena arquitectura se encuentra al servicio de la sociedad, y por tanto, debe estar abierta a modificaciones e innovaciones constantes.


Dejemos que así sea.

domingo, 18 de enero de 2015

Nadie como tú

Querida Asma,

Creo que ante lo importante de este acontecimiento ha llegado el momento de dedicarte unas bonitas palabras a la altura de nuestro compromiso, pese a ser consciente de lo complejo de tal hazaña.

Me resulta imposible obviar una fecha tan singular, un aniversario tan glorioso. Algunos lo llaman bodas de plata, otros un cuarto de siglo, pero para mí, es mucho más que todo eso. Toda una vida. Sí, eso es lo que llevamos juntos. Toda una vida repleta de buenos y malos momentos en la que he podido disfrutar de cada uno de tus peculiares gestos, cada uno de tus intensos abrazos, cada sutil caricia, cada interminable noche juntos.

En muchas ocasiones he dudado acerca de la existencia del amor verdadero, acerca del porqué de las cosas, del porqué de esta inesperada relación. Muchas han sido las dudas que han protagonizado mis alocados pensamientos. Muchas las ocasiones en que he llegado a maldecir lo azaroso del destino. Múltiples las quejas ahogadas, innumerables las decepciones, indescriptibles los miedos.

Sin embargo, todo ello ha supuesto para mí el paradigma de la vida, la única y verdadera razón de mi existencia. A lo largo de mi vida has sabido enseñarme lo trascendental de este don con que hemos sido bendecidos. He ido aprendiendo a valorar lo realmente importante, aquello que nos permite ser feliz por encima de todo. Un placer que he podido compartir durante más de veinticinco años, y que confío en que nos siga uniendo durante muchos más.

Probablemente a estas alturas muchos habrán recurrido a la locura como probable explicación a tal despropósito literario. Pero no. Nada más lejos de la realidad. Estas palabras responden a un agradecimiento tan sincero como intenso. Todo lo que soy, es gracias a ti. Todo lo que sé, lo aprendí de ti. Cada segundo contigo ha contribuido a definirme como persona y me ha ayudado a madurar, incluso antes de lo que en ocasiones hubiese deseado. Sé que fuera de contexto, pensar en alguien dispuesto a privarte del oxígeno fundamental para la vida, sería considerado como un cruel asesino, si no algo peor. Pero esta historia no trata acerca de la maldad.

Trata acerca de las lecciones que aporta la vida. Trata acerca de noches imborrables en las que apreciar hasta el más mínimo atisbo de aire penetrando mis perjudicados pulmones. Noches en las que cada luz de coche era entendida como un nuevo pasatiempo con el que aderezar el inmenso aburrimiento que se asomaba tras esa inminente preocupación. Saberte capaz de superar lo que algunos calificarían de agobiante, aterrador o indeseable, no hace sino convertirte en una persona mejor de lo que eras. Armarte de fuerza y valor para afrontar todo lo que esté por llegar. No es que te permita actuar como el superhéroe que nunca serás, pero sí que te aporta esa importantísima coherencia a través de la cual saber interpretar cada cosa en su justa medida.

Si tuviese que ponerte alguna pega como acompañante, mi más fiel y cercana amante, sería la de la impaciencia. Aquella que te impidió esperar hasta que nuestra relación fuese tan sólo cosa de dos. No implicar a tanta gente que no tenía por qué participar de nuestro improvisado e incomprendido amor. No era necesario hacer partícipes a aquellos que desde el desconocimiento sólo podían valorar la parte más negativa de tus intenciones. No necesitabas llegar tan pronto como lo hiciste, por más preparado que pudieras considerarme.

Por lo demás, agradezco cada minuto juntos. Nadie como tú ha sabido entenderme, acompañarme tanto en los buenos como en los malos momentos de mi vida. Nadie como tú ha sabido mostrarme el lado positivo de la vida, aquel que decora sutil cada matiz del mundo que nos rodea, y del cual tantas veces desearíamos desaparecer. Nadie como tú para enseñarme a vivir. Nadie como tú para enseñarme a valorar. Nadie como tú para enseñarme a reír. Nadie como tú para enseñarme a llorar.

Son tantas las escenas vinculadas a ti que me resultaría difícil destacar alguna. Aún recuerdo algunos de nuestros primeros encuentros, cuando aún no tenías siquiera nombre para mí. El inexplicable dolor de la aguja invadiendo mi cuerpo sin previo aviso. El miedo y la tensión como único denominador común en mi entorno familiar.

No quisiera siquiera imaginar lo que tuvo que significar todo aquello para ellos. Sólo confío en que sepan verlo ahora como he aprendido a verlo yo.

Más agradables y claros son los recuerdos asociados a mis incontables experiencias deportivas. Era el único a quien permitían jugar con ayuda extra y además terminar con una ansiada botella como premio. ¡Qué recuerdos! Cuántas fueron las mañanas en las que llevé mi cuerpo hasta su límite convencido de su invencibilidad. Cuántas las carreras agónicas hacia aquel inesperado pero glorioso despertar, ese instante inexplicable en que mis pulmones tan sólo decidían retomar su posición original, dejando con ello paso al sanador fluido de vida.

Irrepetible aquella fortuita visita al especialista cuando sobrepasaba ya las veinte primaveras y la normalidad parecía haberse instalado entre nosotros. Jamás olvidaré aquel rostro desencajado mientras me desvelaba el aterrador desenlace a las recién realizadas pruebas. Anecdótico descubrir como uno de mis pulmones había decidido unilateralmente emprender su propio camino, llevándose con él incluso a parte de su influenciable vecino. Una capacidad pulmonar que rondaba un lamentable cuarenta por ciento de la supuesta media teórica.

Es increíble cómo el tiempo ayuda a relativizar las cosas, cómo el optimismo nos transfiere esa fuerza tan inhumana, cómo la insensatez se erige en líder improvisado para hacerse cargo del resto.

Inolvidables los conciertos que amenizaban cada una de mis noches desde el anochecer hasta las primeras luces del alba, aquellos atrevidos agudos dispuestos a retar al más temible de los silencios. Un sutil sonido interior que supe transformar en melodía, en sinónimo de vitalidad. Un ruido atroz que me recordaba que aún seguías ahí, dispuesta a seguirme hasta la peor de mis pesadillas.

Nunca antes había sentido un amor tan incondicional, un amor tan desinteresado. Una pasión tan inquebrantable, por más que fueran los expertos dispuestos a separarnos. Por más innovaciones tecnológicas que surgieran para acallarte. Siempre has sabido estar ahí, latente, discreta, omnipresente, audaz, impertinente, atrevida, cariñosa, oportuna, cálida y vehemente.

Un regalo que no muchos saben apreciar. Una desgracia que no logran entender. Un referente que no todos alcanzan a seguir.

Pues sí, en mi caso no puedo sino agradecer tu presencia. De todas las enfermedades que podrían haber decidido protagonizar mi vida, estoy completamente seguro de que no podría haber ninguna mejor.

Nadie como tú para hacerme la vida tan complicada pero, en definitiva, tan fácil.

A todos vosotros, seáis conscientes o no, hayáis sucumbido a sus imperfectos encantos, o sean otros cercanos quienes lo hayan hecho. Sea reciente o ya veterana esta indudable relación, tan sólo puedo enviaros este peculiar mensaje de ánimo con el cual transmitiros mi particular experiencia, la cual espero sirva para mostrar a otros lo bonito que sin duda esconde esta gran oportunidad. Esta apasionante compañía que bien entendida, marcará el devenir de nuestros actos y nos convertirá en aquello que somos, en aquello que queramos ser.

                                                                                                          
Siempre tuyo,

                                                                                                               
El paciente in-ex