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martes, 9 de enero de 2018

La poca educación


- ¿Qué pasa Juan? ¡Cuánto tiempo sin verte!

- Pues la verdad es que sí. Es que he estado un poco perdido. Llevo varios meses encerrado.

- ¿Y eso? Por fin te has mirado en el espejo, ¿no? Jajaja.

- ¡Eres un cachondo! Jaja. Habló el “Brad Pitt de la Bahía”, no te jodes. Pues no, llevo meses estudiando una oposición y mi preparador solo me deja descansar un día a la semana. Es super jodida y me lo tengo que tomar en serio.

- ¿Una oposición? ¿A tu edad? Pues sí que está la cosa mala, ¿no? 

- Pues sí. No queda otra. Así que te puedes imaginar lo aburrida que se ha vuelto mi vida. Nada que contar, más allá del menú de la cafetería o la increíble aventura que supuso la última avería de la máquina de café. Jaja.

- ¿Y a qué te presentas?

- Es una oposición un poco rara que he encontrado.

- Ah, vale. ¿Y para cuándo tienes los exámenes?

- Pues empiezo el mes que viene, así que hoy me he “rallado” un poco y he decidido salir a dar una vuelta porque me voy a quedar tonto de tanta biblioteca.

- ¡Ufff, es que eso debe de ser una locura! Yo no podría.

- Ya, eso dicen todos. Yo también lo pensaba, pero bueno, al final es ponerse. A mí me costó volver a coger el ritmo de estudio después de tantos años.

- Me imagino. Desde que acabamos la universidad no cogías unos apuntes, ¿no?

- Tal cual.

- ¡Qué crack! ¿Y te ves preparado para aprobar?

- Mi preparador dice que sí, aunque yo creo que esta primera vez es un poco precipitada. Me veo muy justo.

- Bueno, si él te dice que sí...

- Ya, claro, ¿qué me va a decir?

- Puede ser, también es verdad. ¿Y de qué van los temas de la oposición?

- Pues nada, lo mismo de siempre, memorizar un montón de temas y luego cantarlos delante de un tribunal.

- ¿Cantarlos? ¿Qué dices Juan?

- Jaja, sí, se le dice así. Tengo que recitar en voz alta el tema completo de pe a pa. 

- ¡Hostia! ¿Y eso para qué vale? ¿No sería más fácil leerlo y ya está? Jaja. No te lo tomes a mal Juan, pero yo pensaba que os hacían aplicar la teoría para que demostréis que os la sabéis y la habéis entendido.

- Ya, claro. Eso sería lo lógico. ¿Pero desde cuando se ha hecho lo lógico en este puñetero país? Ya sabemos que aquí lo de hacer las cosas bien no se lleva.

- Vale, en eso tienes razón. ¿Pero en la carrera nos hacían aplicar las cosas no?

- Bueno, entre comillas, pero sí. Si lo piensas, desde pequeñitos nos han enseñado tan solo a memorizar. ¡Hasta las matemáticas había que sabérselas de memoria!

- ¡Joder Juan! Pues ahora que lo dices...

- ¡Claro! En este país no nos enseñan a aprender. ¿Para qué? Nadie nos enseña a pensar, ni siquiera a estudiar. Aquí lo que se lleva es lo de ponernos a repetir como loros lo que pone en los libros, sin más.

- Hombre es que, visto así, igual es hasta mejor. Desde luego se ahorran que la gente tenga una opinión propia.

- ¡Exacto! Esa es la cruda realidad. Nos prefieren como borregos.

- ¡Qué duro Juan! Pobres niños, ¿no? ¡Me dan ganas de sacar a mi niño del colegio y enseñarle yo!

- ¡Ojalá! Jaja. Seguro que lo harías mejor.

- ¡”Es o no”! Bueno Juan, me alegro mucho de verte. Y suerte con los exámenes. ¡Que sé que tú eres un crack! ¡Seguro que te lo sacas! ¡Y después, a vivir del cuento toda la vida!

- Jajaja. ¡Di que sí! Igual hasta podría hacer algo, una vez dentro, por mejorar las cosas. Jajaja. ¡Qué gilipollez! ¿No te digo yo que me estoy quedando tonto?


jueves, 9 de febrero de 2017

¿Dos tontos muy tontos?

  • ¡Qué pasada de plaza Juan! ¡Qué cosa tan bonita! No pensaba que pudiese haber un sitio tan agradable en un pueblo como este. Desde luego, vaya “lujazo”.
  • Totalmente. Para que veas que no hace falta demasiado para conseguir que la gente esté a gusto.
  • Pues sí. En eso tienes toda la razón.
  • Sin embargo, fíjate. No se permite jugar a la pelota, ni patinar. ¿No te parece un poco absurdo evitar que la gente disfrute de un sitio como este?
  • Sí, pero eso ya sabemos que es lo normal. Ya no dejan que se juegue en ningún sitio.
  • ¡Qué triste! Luego nos quejamos de que los niños estén todo el día con las consolas esas. No entiendo cómo pueden hacer algo así. ¿A quién se le ocurre?
  • Yo que sé Juan, imagino que los que toman las decisiones tendrán sus razones.
  • Pues no sé yo, la verdad. Si las hay, yo no las veo.
  • Ya Juan, pero las cosas son como son. Es más fácil curarse en salud y evitar las posibles quejas de algún vecino. Hoy día nadie se quiere arriesgar a que pase algo y lo puedan señalar.
  • Vale, pero ese riesgo siempre está ahí. Lo que hay que hacer es que la gente aprenda a convivir y minimizar ese riesgo. Además, si pasa algo pues que cada uno asuma su responsabilidad, ¿no? No me parece tan difícil.
  • Vamos a ver, Juan. ¡Que pareces nuevo! Ya sabes que en este país preferimos prohibir antes que ponernos a enseñar.
  • Desde luego, qué razón tienes. Así nos va. Eso sí, luego nos quejaremos cuando tengamos un país de borregos.
  • No te pongas tremendista tampoco, que eso es así de toda la vida.
  • ¡Anda ya! no me digas eso. Tú y yo nos hemos criado jugando en la calle y no nos ha pasado nada. Y seguro que los que han puesto esos carteles ahí, también. Me jode que los mismos que ahora prohíben a los niños jugar en la plaza, sean quienes tuvieron la oportunidad de criarse en la calle.
  • Ya bueno, Juan. Pero las cosas cambian.
  • ¿En qué quedamos? ¿No decías que esto era algo de toda la vida?
  • ¡Ay! Yo que sé Juan. ¡Qué sabremos tú y yo! Nosotros no somos más que unos don nadie que seguro que no sabemos de la misa la mitad.
  • En eso tienes razón. ¿Qué sabremos tú y yo?